La ciudad invisible

César Requeséns

crequesens@gmail.com

Emprende sénior

Para detectar qué necesita la gente no hacen falta muchas carreras y sí escuchar mucho y afinar el olfato comercial

Las edades y los tiempos de vida laboral de las personas de hoy ya no son los que fueron. Te encuentras cada vez más gente 'de nuestra quinta' que empieza nuevos retos a una edad (entre los cincuenta y los sesenta) en que antaño dormitaban sus días contando los años y trienios que les quedaban para la jubilación.

La llegada a la madurez es ya otra cosa. Recuerdas que los señores y señoras de cincuenta de cuando eramos niños eran gente muy adusta, hombres con bigotito y mujeres de pelo cardado, que tenían ya más de abuelos tirando a la senectud que esta nueva edad que ahora va aflorando de una segunda juventud con más conocimiento de causa que la primera y sobre todo con menos ingenuidad pero con las mismas ganas de descubrir cosas y conocer gente nueva que cuando empezabas la carrera. Todos celebramos que esta nueva edad se haya abierto camino entre la cuarentena de los desastres de las crisis de identidad, de matrimonio y de sentido de la vida y la sesentena de las jubilaciones, que a buen seguro pronto serán otra edad también nueva, a la vista de que ya tendremos que trabajar hasta no se sabe cuándo para pagar una Seguridad Social siempre por financiar.

Es en esta edad de equilibrio entre experiencia y restos de la mucha energía que nos queda que se lanzan a emprender sueños largo tiempo acariciados y van y montan negocios en los que, a buen seguro, les irá bien. Empuje y creatividad no faltan, aunque no al día en las costumbres del 2.0 este que todo trastoca. Da igual. Para detectar qué necesita la gente no hace falta hacerse muchas carreras sino escuchar mucho y afinar el olfato comercial. Luego está la capacidad de lidiar con la gente. Trabajadores, clientes y proveedores son personas y ya se han matizado las aristas del propio carácter y sometido el ego para que nos sirva en lugar de tener el espíritu al servicio de ese tirano siempre tan falto de un mañana y de una idea grupal.

De esta suerte, ves que gente que conocías en una profesión o trabajo lo deja todo para dedicar sus años de vida laboral final a una causa propia, quizás más noble o al menos más suya, transformada en un proyecto personal cuajado de cariño y de mucho que dar a una sociedad ahíta de novedad que, a la larga, valora el poso dejado por los años, aunque a veces pensemos que no lo va a saber apreciar.

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