En tránsito

Epidemia

Da miedo pensar en lo que podría pasar, dado nuestro canibalismo ideológico, si una epidemia se desatara aquí

A comienzos de 1919, después de luchar varios años en las trincheras de la Gran Guerra, el padre del escritor Anhony Burgess volvió licenciado a su casa de Manchester y se encontró con que su mujer y su hija pequeña habían muerto a consecuencia de la gripe española. En una cuna había un bebé desconocido que tenía que ser atendido por una tía: era el pequeño Burgess, que muchos años después contaría esta escena en su extraordinaria autobiografía. Nadie sabe cuánta gente murió a consecuencia de la gripe española (que se llamaba así porque sólo los periódicos españoles informaban de la epidemia), pero se habla de unos 50 millones de personas en todo el mundo. Muchos soldados que habían sobrevivido a la guerra -viviendo cosas muy parecidas a las que se cuentan en la película 1917-, murieron en dos días nada más regresar a su casa. El padre de Burgess sobrevivió, tocando borracho el piano en los cines de Manchester, aunque nunca le perdonó a su hijo que él se hubiera salvado mientras que su madre y su hermana morían en la epidemia.

Cuento esto porque hay gente muy preocupada por la epidemia de coronavirus y por suerte parece que no es para tanto. Fue mucho más peligrosa la epidemia del virus del Ébola de 2014, y cuando las autoridades sanitarias decidieron sacrificar a un perro que podía estar contaminado -porque su dueña, una enfermera madrileña, también lo estaba-, se montó un pollo considerable con manifestantes gritando "¡Asesinos!" e intentando agredir a los sanitarios que se llevaban al perro. Da miedo pensar en lo que podría pasar aquí, dado nuestro tradicional canibalismo ideológico, si una epidemia de verdad se desatara en nuestro país. Imaginen los rumores interesados, las acusaciones histéricas, las televisiones más carroñeras mandando a los reporteros a los hospitales y los tertulianos de guardia gritando toda clase de barbaridades sin el menor valor científico (igual que hacen ahora en temas de economía o de Derecho que desconocen por completo aunque ellos se crean los expertos más prestigiosos del mundo). En fin, que si ocurriera algo así, además del desastre de la epidemia -con el miedo y la histeria y el caos hospitalario-, tendríamos que soportar el espectáculo lamentable de nuestro fanatismo ideológico, un virus que quizá sea hoy en día mucho más peligroso que los coronavirus.

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