Bloguero de arrabal

Pablo Alcázar

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Errejón, el dedo en el ojo

La irrupción de Errejón en las próximas elecciones me ha permitido saborear el dulce sabor de la venganza

La venganza es una pasión dulcísima, según Montaigne. Y yo quiero vengarme de Sánchez y de Iglesias. Y experimentar esa dulzura. No quiero matarlos. Y no los quiero matar por las mismas razones que da el ensayista francés: si lo matas, tu enemigo deja de sufrir y, además, te persiguen los alguacilillos y la ley. Y, como estoy en contra de la pena de muerte, tampoco me quedaría tranquilo matándolos y sufriría más que ellos. Aparte de que no estoy seguro del todo de que lo que han hecho -el no ponerse de acuerdo-, merezca la última pena. Y matarlos yo con mis propias manos, ni hablar. Tampoco soy de pagar sicarios que me hagan el trabajo sucio. Ni de encargárselo a verdugos profesionales, como hacían los cobardes hooligans de ETA, con su lema: "¡ETA, mátalos!". Que el oficio de verdugo, ¡tan feo!, me da miedo y compasión. Mi venganza tiene nombre de varón y se llama Íñigo Errejón. Espero que este joven político no vuelva a caer en la tentación de explicarnos el mundo como si fuéramos párvulos. ¡Qué cargante cuando le dio por darnos un biberón lleno de papilla gramsciana! El adanismo de estos muchachos me irritó en su momento, pero la vida mancha y es posible que Errejón sepa que, antes de que él naciera, ya le habían pasado algunas cosas a la especie. Y que, parte de los votos de Podemos en 2015, le vinieron, más que de sus lecciones, de la rabia y del cabreo de la población, harta de promesas y de la rapiña y las mentiras de los dirigentes. Me da que los domadores de garañones de Vox tampoco se han enterado de que los han votado bastantes izquierdistas desencantados y cabreados con sus líderes, simplemente para joder a aquellos y avisarles de lo peligroso que resulta tocarle el himno de riego excesivamente a la población. Me consta que hay comunistas que también han votado a estos reconquistadores de pacotilla. Así que mi venganza se llama ahora Errejón. Quiero jugar esa carta. Para socialdemocracia, la de este chico, no la de los sociópatas Iglesias y Sánchez. Sé que luchará por la Escuela y Sanidad públicas, que intentará que se deroguen la reforma laboral y la ley mordaza y que, de poder, le subirá los impuestos a los más ricos y que intentará acabar con los abusos de los alquileres. Es al único al que voy a escuchar cuando comience el próximo escrache electoral. Si lo voto, se consumará mi venganza.

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