El balcón

Ignacio / Martínez

Error político

EL director de Comunicación del Ministerio del Interior sufre pena de telediario. Aunque no ha sido víctima del castigo habitual; por supuesto no ha sido conducido esposado al juzgado ante las cámaras. Su pena televisiva es más original, pero igualmente cruel: impaciente por colocar en el telediario de mediodía una operación contra ETA, envió la nota de prensa antes incluso de que empezara la intervención policial. Un grave desliz que permitió a los abogados de la banda contra los que se actuaba destruir documentos, ocultar ordenadores, borrar discos duros o desprenderse de pendrives. Se ha perdido mucha información y se ha hecho el ridículo. Y todo eso le ha costado la cabeza al interesado: pena de telediario.

Dicen desde el Gobierno y aledaños que se trata de un error humano. Lamento discrepar. Estamos ante un error político bastante habitual, que no es privativo de Interior ni del Gobierno del PP. El director de Comunicación del ministro Fernández Díaz ha sido víctima de la manía de los políticos de hacer las cosas en función de la propaganda. No se hace nada si no se puede vender a la opinión pública. Incluso se hacen las cosas porque se venden bien. Esta operación tenía la pinta de una maniobra efectista a caballo entre la rueda de prensa de 74 etarras ex presidiarios responsables de 309 muertes y la manifestación convocada hoy en Bilbao, que ayer fue prohibida.

Resulta chocante que se redacte una nota de prensa sobre un acontecimiento que no se ha producido, y se ponga en una hoja de comunicado oficial con membrete del Ministerio, con título y todo. El error no ha sido darle a enter antes de tiempo. El error ha sido preparar ese texto, bajo el epígrafe de "Lucha contra el terrorismo". Propaganda. El Gobierno demuestra en este campo un nerviosismo innecesario. La pretensión de ganar la audiencia del telediario a toda costa ha arruinado gran parte la eficacia de esta operación de la Guardia Civil y en buena medida la reputación del ministro, que es reincidente. Su afán propagandístico le llevó hace año y medio a anunciar en la radio la detención de un etarra en Francia, varias horas antes de producirse.

En la España actual el marketing marca la agenda política. Y no hay representante público que se sustraiga a la seducción de las cámaras y al rayo vivificador de los flashes. Por ese mismo motivo, alcaldes, presidentes de comunidades autónomas y el Gobierno central miman a sus radios y televisiones públicas, convertidos en ruinosos servicios oficiales de propaganda. Todo eso no son errores humanos, sino políticos.

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