Espadismo centrista

La misión del nuevo líder socialista andaluz pretende avanzar confundiendo con un centrismo de diseño retórico

El nuevo líder socialista andaluz, Juan Espadas, ha llegado a la secretaría general de su partido a ejercer de puente entre el cisma que cultivó el susanismo del despilfarro izquierdista de los ERE, la Faffe y los puticlubs, y la derecha regional, la que se "atrevió" a desalojar al PSOE de San Telmo.

Su misión andaluza pretende avanzar confundiendo con un centrismo de diseño retórico, pero disciplinadamente adjunto al más radical Sánchez que imaginarse pudiera. La intención de su oferta política, además de parecer ajeno a su gestión anterior, es la clásica de un aspirante a suceder a quien gobierna. ¿Formato? El de siempre: aparecer como San Judas Tadeo a proponer a Lucifer el encuentro que salve a los andaluces del fuego de Vox y de la ira de sus infiernos. Nada nuevo bajo el sol de la progresía.

Es el mismo centrismo que acorraló el Parlamento andaluz el día de la investidura de JuanMa Moreno, con militantes exonerados de temple y moderación, arremolinados allí gracias a los autobuses del régimen que veía cómo se perdían las prebendas del poder hegemónico. La democracia le arrebataba el juguetito del presupuesto al PSOE.

Es un centrismo ese que se pone de perfil cuando JuanMa Moreno le pide a Pedro Sánchez el mismo trato financiero que tiene con Cataluña o País Vasco. Un espadismo centrista que renuncia a la legítima batalla por la financiación del territorio, aunque solo fuera por renegar de los constantes agravios a nuestra tierra del sanchismo gobernante. Que prefiere más un servilismo partidario hacia el constante ninguneo de Sánchez al Gobierno andaluz que un sincero acuerdo con el PP-A que gobierna.

Cómo será la cuota de integración sanchista del monaguillo de Sánchez en Sevilla, que ha tenido que ser el socialista valenciano Ximo Puig quien dé la razón a JuanMa Moreno al declarar la insuficiencia financiera de nuestros servicios públicos, criticando la inacción de Sánchez para resolver esa infumable arrogancia de la ministra Montero.

El centrismo de Espadas ha preferido mostrar feo disgusto por el regate de Ximo Puig a la disciplina del partido, ese desafío con el que carga su cuenta de espasmos por la sublevación levantina, en vez de alegrarse de que haya concordia cuando el interés general está por encima de burdas estrategias electorales, de recorrido interesadamente partidario, con el ombliguismo puesto por encima de los intereses de los andaluces. O sea, sí, la batalla por el centro la va ganando JuanMa Moreno.

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