Sine die

España nos roba

España nos roba, pero no a los que lo repiten una y otra vez, sino a los andaluces y de paso a nuestros vecinos extremeños

Estoy totalmente de acuerdo con el eslogan que se hizo famoso hace unos años y que recobra continuamente su protagonismo en los discursos independentistas. Le pido prestada la frase al que dicen fue su inventor, un tal López, valenciano por más señas e hijo de padre andaluz como delata su apellido, que ha hecho carrera política y profesional en Cataluña a la que, lógicamente, debe estar agradecido. Efectivamente, España nos roba, pero no a los que lo repiten una y otra vez, sino a los andaluces y de paso a nuestros vecinos extremeños.

Como andaluz, yo diría no solo que España nos roba, sino que nos ha robado siempre y nos sigue robando. Los gobiernos cambian, la democracia sucede a la dictadura, pero el robo permanente a Andalucía es el rayo que no cesa. El régimen franquista nos robó instalando toda la industria en Cataluña y el País Vasco con la consiguiente necesidad de abocar a la emigración, no solo a los andaluces, sino a extremeños, castellanos y manchegos. El drama de la emigración fue la tónica de estos españoles considerados de segunda que tuvieron que abandonar su tierra y su cultura para ser considerados intrusos necesarios a los que había reconvertir. Y vaya si lo han conseguido.

Cuando veo las imágenes de las revueltas en las calles de Barcelona que me imagino serán mayores en las comarcas del norte de Cataluña, me acuerdo de Josep Pla y su famosa pregunta cuando le mostraron la fuente monumental de Montjuic diseñada por Carlos Buigas para la Exposición Internacional de Barcelona en 1929: ¿Y esto quién lo paga? Me temo que lo pagaremos los de siempre. La movilización de las fuerzas antidisturbios, los destrozos producidos en comercios y vía pública, el mobiliario urbano y los automóviles quemados, suponen un gasto importante que, estoy seguro, pagaremos el resto de los españoles. Ni que decir tiene que el mayor destrozo es la inquina y el enfrentamiento al que nos vemos sometidos, cuyas consecuencias no me atrevo a predecir.

España nos roba cuando hace las mínimas inversiones públicas en Andalucía, cuando se eternizan proyectos tan necesarios como la SE-40, el Metro de Sevilla, cuando no se soluciona la tercermundista conexión del aeropuerto con la ciudad, cuando se bloquea una y otra vez la comunicación por tren entre Sevilla, Málaga y Granada, cuando no se invierte lo deseable en Educación y Salud. A los andaluces sí que nos roban.

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