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Mirada alrededor

Juan José Ruiz Molinero

jjruizmolinero@gmail.com

Estrellas en la Alhambra

Gracias al Festival, Granada ha disfrutado de las primeras figuras mundiales, entre ellas Jessye Norman

La muerte de la soprano estadounidense Jessye Norman, una de las voces más importantes de la lírica mundial, será recordada en Granada porque se une a las figuras estelares desaparecidas que hemos tenido el placer de escuchar gracias al Festival Internacional de Música y Danza, dando brillo y justificación al certamen y haciendo posible que una ciudad, alejada de las posibilidades que tienen otras capitales de programaciones del más alto nivel, pueda acercarse a esas figuras rutilantes que han hecho historia en la música o la danza. Ahí están los nombres desaparecidos que han desfilado por Granada, gracias al Festival: Rubinstein, Kempff, Giessenkin, Karajan, Mrawinsky, Solti, Celibidache, Fonteyn, Nureyev, dos voces españolas universales como Victoria de los Ángeles, Montserrat Caballé y un largo etcétera que han suplido la orfandad cultural sufrida tras la guerra civil.

El comentarista, cuando ha abordado su papel crítico del Festival, tiene recuerdos imborrables, refrescados con la lectura de los recortes de prensa que guarda para situar la memoria del acontecimiento cultural más importante de Granada. Jessye Norman nos emocionó un 27 de junio de 1978 con un recital en el Patio de los Arrayanes dedicado a lieder de Schubert. Apasionada e intimista, su voz transmitió todo el caudal expresivo del mundo schubertiano, en un alarde de belleza, poder comunicativo, exaltación que sólo voces excepcionales son capaces de transmitir. Como nos arrebató en otra actuación que clausuraba el 2 de julio de 1990, en el 33 Festival, con un recital en el Palacio de Carlos V, donde hizo alarde de los múltiples registros de su voz, en un variado programa con obras de Purcell, Brahms, Mahler -sus intensos Lieder eines fahrenden Gesellen- para terminar con una versión deliciosa de las Siete canciones populares españolas, entre ellas una emocionada Nana, de Manuel de Falla.

Precisamente en aquél Festival se presentó la Orquesta de Cámara de Granada, que se convertiría en la actual OCG, que hoy no supera su grave crisis financiera ni la protección que merece de las instituciones llega a cubrir sus necesidades ni afianzar su futuro. La dimisión del actual gerente, da otro aldabonazo a las instituciones públicas que tienen el deber y obligación de mantener, con la máxima dignidad y altura, a una de las bases culturales de la ciudad. ¿Cómo vamos a pretender ser capital cultural de ningún lado con estas cicaterías e irresponsabilidades? Espero que no tengamos que dedicarle una loa, como hacemos con las figuras desaparecidas que pasaron por el Festival, porque su estrella debe seguir brillando en su refugio de la colina de la Alhambra y que da sentido al auditorio creado bajo el nombre y la idea creadora que dejó Manuel de Falla en Granada.

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