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El lanzador de cuchillos

Fascismo inmobiliario

El facherío se ha quitado las máscaras. Se ha pasado del "no soy racista, pero…" al "soy cien por cien racista"

En Italia se ha montado un pollo considerable a cuenta de la conversación grabada por Deborah Prencipe, una joven natural de Foggia, pequeña ciudad en el tacón de la bota, con la propietaria del piso que quería alquilar en la periferia de Milán para estar más cerca de Laura, su pareja. La dueña de la casa, de nombre Patrizia, se negó en redondo a arrendar el inmueble a la muchacha con el siguiente argumento: "Soy racista al ciento por cien: para mí los meridionales, los gitanos y los negros son lo mismo. Usted no es suiza, es del sur. Y me da igual si vive aquí desde pequeña, lo que me interesa es lo que pone en el carné". La chica, indignada y estupefacta, le advirtió de que haría pública esa conversación, a lo que la señora Patrizia, definitivamente crecida, respondió: "Escriba, escriba. Y diga que mi capitán es Salvini. Ponga en mayúsculas: miren lo que hacen los de la Lega. Diga también que soy una leghista sin complejos; que estoy orgullosísima de ello, porque Salvini, desde el principio, odiaba a los meridionales".

En este tiempo en que se dan por muertas las ideologías, en que partidos xenófobos participan sin problemas en elecciones democráticas, el facherío se ha quitado definitivamente las máscaras. Se ha pasado del "no soy racista, pero…" al "soy cien por cien racista". Como la señora Patrizia, cada vez más ciudadanos europeos, espoleados por los nuevos líderes de la ultraderecha, exhiben con orgullo su ignorancia y su vacuidad mental; se autodenominan derecha desacomplejada, pero se trata del fascismo de toda la vida.

Deborah y Laura han querido, sin embargo, dar por cerrado el desagradable episodio con un comunicado ejemplar, que han colgado en las redes: "Queremos poner fin a esta historia. La señora Patrizia nos ha pedido disculpas pública y privadamente y las hemos aceptado. Por eso, aunque hay base para emprender acciones legales, no las vamos a ejercitar porque no somos rencorosas y no tenemos tiempo ni ganas de continuar con esto. Tampoco ha sido nuestra intención utilizar el caso políticamente. Lo que hemos hecho es denunciar en las redes y la prensa un comportamiento que entendemos absolutamente fuera de tiempo y de lugar, esperando haber hecho reflexionar a quienes consideran normales y socialmente aceptables actuaciones como ésta. Por otra parte, queremos desmarcarnos del tono violento utilizado por algunas personas que se han sentido justamente ofendidas, porque la discriminación se combate con ideas, no con violencia". Deborah y Laura: lesbianas, del sur y sobradas de clase y de dignidad. Aún no está todo perdido.

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