Mirada alrededor

Juan José Ruiz Molinero

jjruizmolinero@gmail.com

De Franco a Torra

Una momia y un agitador de masas no pueden ocupar el centro dela vida política

A la deleznable vida política española, además de los conocidos protagonistas, incapaces de anteponer los intereses de un país y sus ciudadanos a sus ambiciones personales, hasta hacernos repetir las cuartas elecciones generales en cuatro años -a cuya comedia se ha unido otro aspirante a repartirse la tarta, como el barbilampiño Íñigo Errejón-, se le ha sumado la momia de un siniestro dictador como Franco, que, aunque tarde, saldrá de su faraónica pirámide funeraria del llamado Valle de los Caídos, donde dormía, olvidado por la inmensa mayoría de los españoles de hoy, junto a los muchos que durante su trágica dictadura liquidó, en aquella cruenta guerra civil que sí es necesario recordar para no repetir el cainismo español y hacer justicia a las víctimas olvidadas todavía en cunetas del crimen y también a la que perecieron en el otro bando. Pero el paseo de una momia ni liquida la deuda histórica ni merece que ocupe, como está pasando en los últimos tiempos, espacios destacados de la vida política española.

Como no lo merece el presidente de la Generalitat Quim Torra, con sus ideas racistas, supremacistas y fanáticas que son también reliquias del pasado, que en vez de ocuparse de los problemas reales de los catalanes se ha convertido en un agitador de masas engañadas con el fin imposible, antes y ahora, de conseguir la independencia de Cataluña que no apoya ni la mitad de los catalanes. Un agitador que ha enviado al presidente del Gobierno en funciones una carta apoyando a los secesionistas extremistas de CDR que han sido detenidos y siete de ellos encarcelados, no por sus ideas, sino porque, presuntamente, preparaban actos violentos -que la Justicia tacha de terrorismo- para 'celebrar' el aniversario de la consulta ilegal del 1 de octubre y responder a la próxima sentencia del 'procés', calificándolos de "ciudadanos comprometidos con su sociedad", en vez de alejarse de sus propósitos violentos. Ambos personajes, un muerto y un vivo, no pueden ser centro de la política, sino ser tratados como son: Franco, un cadáver que en vida fue protagonista de un siniestro y cruel pasado, superado a fuerza de democracia y libertades, y Torra, un agitador racista al que le ha dado demasiado protagonismo Sánchez, pese a su momificado desprecio del Estado de Derecho en el que vive y que pisotea a cada momento, como el huido Puigdemont, y que no merece más que respuestas constitucionales y si traspasa líneas básicas en una sociedad democrática, para él y sus compañeros de viaje, aplicarles con contundencia las leyes. Las momias, físicas o ideológicas, no tienen futuro. Con sus abismales diferencias no tienen nada que ver con la España y los españoles de hoy. Enterremos de una vez a una y pongamos en su museo viviente, si así lo desean sus correligionarios, a la otra. No dan para más.

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