La ciudad invisible

César Requeséns

crequesens@gmail.com

Franquiciados

Cuando el Centro se quede desierto a lo mejor llega la solución. Pero fuera de tiempo

Desde Plaza Nueva hasta Reyes Católicos y por ahí abajo siguiendo por Recogidas cuesta encontrar alguna tienda que no sea idéntica a la de cualquier otra ciudad del mundo. Coincide este itinerario con el de la masa turista que trasiega Granada casi en exclusiva por estas vías y que, salvo honrosas excepciones de espíritus aventureros y con horario amplio, no entra siquiera a conocer otros territorios de la ciudad donde sí que se respira lo nuestro, es decir, productos que no sean de distribución al por mayor por todo el mundo.

Cuando viajo evito estos negocios. Las tiendas de souvenirs ofrecen productos en los que a una Torre Eifel le sustituye solo la imagen del Big Ben o el Coliseo. Nunca entenderé esa pasión por la compra de recuerdos, más aún aún si estos son absolutamente idénticos. Algo falla.

En tanto, pasas por las calles adyacentes a Mesones, o Tablas y la desolación te embarga. No hace falta recurrir a más estadísticas que las de los paseantes de nuestra Granada a los que les dé por contar establecimientos cerrados y con cartel de 'Se alquila'. Prueben, prueben, tan solo en la calle Salamanca y a ver cuántos les salen. A mí al menos cinco en la que fue calle señera de las compras.

La inoperancia de los poderes públicos se masca. Mientras los candidatos se hacen fotos a lo Beatles con paso de cebra y semáforo postulándose como los genios de las soluciones-exprés-casi-mágicas, los comerciantes del Centro Histórico, numantinos frente a las multinacionales y las franquicias, tienen muy claros el mal y el remedio: los mastodontes del extrarradio y el efecto facilitador del metro han despoblado de clientes la antaño floreciente vidilla en el centro. Y, encima, hasta faltan aparcamientos. Se diría que alguien no quiere que vendan. Pero ni eso: falta un plan, que siempre surge a posteriori, nunca como proyecto de ciudad. Los políticos son ya fontaneros chapuzas a falta de arquitectos.

Hay ciudades que logran retener la identidad local. En Granada no saben hacerlo. Y el negocio es el negocio. La lástima es ver cómo, finalmente, la administración se vuelve una simple mercader más sin más horizonte que ingresar impuestos.

Cuando el Centro quede desierto, solo recorrido por turistas con bolsas de marca, a lo mejor llega la solución. Pero fuera de tiempo.

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