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Ganar la guerra que se perdió

Habría que desenterrar, menear y restar honores, igualmente, a la mitad de los muertos de toda época histórica en España

Mañana, jueves, se va a ejecutar la exhumación -el desentierro- del general Franco de su actual tumba, en la basílica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos y su inhumación -vuelta a enterrar- en este caso en otro panteón, al parecer también propiedad del Estado, en el cementerio de Mingorrubio, cerca de El Pardo. El propio Ejecutivo ha justificado estas costosas maniobras -más de 63.000 euros- en la necesidad de realizar un gesto de justicia para restar honores e inmerecido protagonismo a quien fuese Jefe del Estado Español, durante casi cuarenta años y máximo dirigente militar del llamado bando nacional -el vencedor- en la última guerra civil entre 1936 y 1939.

A mi humilde entender, esa falsa justicia temporal y gesto para restar honores a quien el Gobierno cree que no los merece, asumiendo las funciones que sólo debieran corresponder a los jueces, podría parecer que invade las funciones del Poder Judicial, aunque, tras tomar la decisión en firme, los jueces del Supremo hayan dado la razón al adoquín -cabezón- del presidente doctor Sánchez, que a juicio de muchos españoles, jamás consultados por cierto, es un modo de romper el principio democrático de la separación de poderes, base esencial de las auténticas democracias modernas, aunque Alfonso Guerra, hace años, declarase muerto al propio Montesquieu. De este modo Pedro Sánchez, socialista, también, como Alfonso Guerra, pero menos, mucho menos listo y pretendido justiciero; como El Zorro mexicano y peliculero; estaría al menos aparentando una cierta cobardía y actitud dictatorial, queriéndola vestir como si de auténtica justicia se tratase y sin que se haya producido ni juicio ni mucho menos sentencia al respecto y ejerciendo, con arrogancia, como si en además de presidente del Gobierno fuese, también, exégeta y árbitro parcial de la historia.

A un servidor, personalmente, le da igual donde se entierre a Franco, pues muerto está y por ello, ni siquiera es ni puede ser, en derecho, sujeto encausable por las autoridades judiciales. Y habría que tener en cuenta que, aplicando las teorías gubernamentales y la filosofía que alimenta la llamada memoria histórica, plasmada en una ley aprobada y en vigor y que vendría a justificar el meneo de los huesos de Franco; habría que desenterrar, menear y restar honores, igualmente, a la mitad de los muertos de toda época histórica en España. Pues, ¿quién se atreve a erigirse en juez y árbitro de la historia y de las personalidades que la conforman? ¿Todo se va a quedar en pasear a Franco en helicóptero para deshonrarle y cubrir de inciensos a los antidemócratas del otro bando, que los hubo a miles? Así, tampoco se gana la guerra que se perdió. ¿O no?

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