Esta boca es tuya

Antonio Cambril

cambrilantonio@gmail.com

Gasolina para la toma

La costumbre es esa, ahondar obsesivamente en el pasado, lucir nuestro exotismo y seguir discutiendo acaloradamente

Los enigmas son dos y pueden enunciarse de diferentes maneras. A ver, el primero. ¿Cuál es el granadino que mira con un ojo al frente y con otro a las espaldas? ¿Cómo se llama el Jekyll y Hyde de la vida pública local? ¿Quién alberga tantos 'yo' dentro de sí mismo como para poder ejercer a un mismo tiempo, o ahora y al cabo de un rato, de platónico y de aristotélico, de ptoloméico y de copernicano, de monárquico y de republicano, de autonomista y de jacobino, de rancio y de progresista, de rojo y de asesor de un arzobispo, de literato y de jurista, de abogado de la Junta o de representante de Price Waterhouse, de síntesis encarnada de las dos Españas? ¿Cuál es el ser más hiperactivo y contradictorio entre los que conforman la geografía humana de Granada?

La respuesta: César Girón. Socialista desde el 82 (desconozco si lo sigue siendo) y devoto de los rituales, los entorchados, las medallas y los uniformes, César, que nunca defrauda, se ha adelantado al 2 de enero y le ha echado una mano al cuello a su compañero Francisco Cuenca al anunciar que la Asociación Granada Histórica, de la que es portavoz, propondrá al Gobierno de la Nación la conversión en Bien de Interés Cultural de la Fiesta de la Toma. Hala, otro incendio. Nadie como él para renovar la fuerza divisoria de la tradición. En esto, César, o Girón, es heredero de otro socialista, y antes comunista, José Miguel Castillo Higueras, quien, como concejal del alcalde Antonio Jara, y según sus propias palabras, reinventó el diseño de los figurines y puso todo su mimo para recuperar una celebración que languidecía allá por los primeros 80. ¿Cómo no iba a ganar siempre el PP en Granada si hasta abundaban, sin saberlo, los socialistas de derechas.

El otro enigma. El Gobierno apuesta por Barcelona para situar allí la sede de la Agencia Europea del Medicamento después de que en Granada hayamos ocupado meses hablando e ilusionándonos con un imposible. ¿Quién inventaría este bulo, o el del acelerador de partículas, en una ciudad que ha perdido todos los trenes por la torpeza, el desinterés o la entrega de sus élites? La costumbre es esa, ahondar obsesivamente en el pasado, lucir nuestro exotismo y seguir discutiendo acaloradamente cada 2 de enero. Pobre Granada: tan lejos de Madrid y de Sevilla y tan cerca de los Reyes Católicos y de la Basílica de Nuestra Señora de las Angustias.

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