El duende del Realejo

Gracia frente a la justicia

Hay más de una mitad de ciudadanos españoles y catalanes en Cataluña que se siente ambas cosas

Dice el Diccionario de la RAE, en una de sus acepciones, que "gracia" es el Perdón o indulto de pena que concede el poder competente. La inmediata anterior, en el mismo diccionario -en sentido irónico- dice significar, también, Cosa que molesta e irrita.

El derecho de Gracia viene recogido; desde la lejanía medieval del siglo XIV; por Alfonso X, El Sabio, monarca castellano leonés que escribió, en su Código de las Siete Partidas que se conceden las gracias cuando, por el bien que de ellas puede resultar al reino... se perdona a algunos malhechores porque hagan un servicio de mucha importancia.

Y eso, precisamente, parece ser lo que espera el actual Gobierno sociocomunista de Pedro Sánchez, al conceder el indulto a los condenados en un tan mediático como sonado juicio, ante el Tribunal Supremo y con sentencia firme de prisión, por causa de sedición, además de otras circunstancias agravantes, como es bien sabido.

Hay más de una mitad de ciudadanos españoles y catalanes en Cataluña que se sienten ambas cosas. Y con justicia lo son. Y otra porción -que crece en el transcurso del tiempo, por toleradas mórbidas y hasta paranoicas razones- que sólo, única, exclusiva y excluyentemente se sienten catalanes, ansían con irracional frenesí la independencia que jamás tuvo aquella región peninsular y tratan de acceder a ella mediante métodos que implican acciones fuera de ley y contra la ley plenamente vigente.

En el Preámbulo de la vigente Constitución Española, se dice que con ella se pretende Consolidar un Estado de Derecho que asegure el imperio de la ley como expresión de la voluntad popular. Es esa, pues, una de las primordiales razones por las que se redactó la Carta Magna en la que se estableció el Derecho -y no la voluntad caprichosa de ningún dictador- como camino de la libertad, escogido por los ciudadanos españoles para si mismos. En cambio, el de Gracia, que se viene a situar, incluso, por encima de las sentencias del Poder Judicial, como estamos viendo, es una reminiscencia del derecho medieval que, obedeciendo a otras voluntades, debiera ejercer el Gobierno en más que rarísima, casi excepcional y muy justificada y reglamentada ocasión, supuestamente en nombre del Pueblo Soberano. Digo supuestamente porque hoy, las medidas de gracia se determinan fuera del Parlamento, sede de la soberanía popular.

Lo que sí está claro es que esta gracia de indulto a los sediciosos catalanes, se convierte en algo que molesta e irrita -y hasta agravia- a los que no son -no somos- separatistas, viendo el desamparo de un Gobierno que prefiere perdonar a algunos malhechores -ólo por razones políticas interesadas- frente a los que cumplen -los que cumplimos- escrupulosamente la ley. ¿O no?

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