La colmena

Magdalena Trillo

mtrillo@grupojoly.com

La Granada sin fronteras de Miguel Ríos

Del fantasma del neofascismo al movimiento #MeToo. Ni siquiera tuvo que mencionar a Vox. Ahí está Europa para alertarnos

Hacía siete años que Miguel Ríos se había despedido de los escenarios. Desde entonces no ha dejado de incumplir su palabra. Por causas propias y ajenas. Con razones justas y solidarias unas veces; con los motivos más peregrinos, otras; y, en todos los casos, ¡porque puede! Porque el rock nunca muere, porque sigue siendo incombustible y porque, a un paso de los 75, se permite el lujo de arrancar gritos de "guapo" seduciendo a golpe de caderas.

Esto podría ser el arranque de la crónica del movido concierto con que este viernes despidió su gira Symphonic Ríos en un más que entregado Palacio de Deportes. Tres cuartos de hora de retraso por un lío con la venta online de las entradas, un frío enmudecedor fuera que a punto estuvo de convertirse en motín y apenas unos minutos de música y conversación para que el público se rindiera sin condiciones al padre del rock.

Debería decir abuelo pero tanto como nieto. Llevando al extremo la máxima de contestación y rebeldía que ha abanderado durante toda su carrera, el músico granadino ha terminado obedeciendo a su madre haciendo justo lo contrario. Le pidió que "no se hiciera viejo en el escenario" y ha cumplido pero a lo Benjamin Button. "Transgrediendo su palabra", como el propio cantante suele reconocer tomándose a sorna su no-retirada, recordándonos que "no es lo peor" que ha hecho en su vida y, egoístamente, privándonos de desvelar si su secreto no difiere mucho del de Francisco Ayala: ese prescriptivo trago de Lagavulin que el intelectual se tomaba cada mañana extrañamente rebajado con una manzana.

Lúcidos e indomables. En la "posteridad" de decir lo que piensan. De vuelta de lo políticamente correcto. Alejados de la mediocridad que hoy día nos distrae tanto como nos confunde. Sin necesidad de eslóganes ni colores, Miguel Ríos no sólo cantó -ni rastro de la laringitis que le había obligado a suspender un par de conciertos-; también se desnudó trayendo sus canciones de siempre a los problemas de hoy.

Comprometido hasta la médula con lo local: su primera intervención fue un alegato para defender la OCG como uno de los grandes hitos de esta Granada que, con más incertidumbres que estrategia, se intenta reivindicar en lo cultural.

Abiertamente preocupado por lo global: desde el movimiento #MeToo que estalló en España un 8 de marzo evidenciando la "violencia machista" que de forma endémica soporta nuestra sociedad hasta la ola de muros y fronteras que, lamentablemente, tiene ahora "más actualidad que hace 35 años". Porque "da pavor" cuando procede de gobiernos intentado "blindarse de la pobreza que ellos mismos ayudaron a crear".

Alertándonos de los fantasmas del "fascismo" que nos acechan encubiertos en la bandera de la ira. No tuvo que mencionar a Vox con su inesperada irrupción en la política española a través de las elecciones autonómicas del 2-D porque ahí está Europa para constatarnos sin medias tintas, coyunturas complejas ni oportunismos que el populismo, el neofascismo, ni es un fenómeno puntual ni es un problema generacional. Porque ahí están las inexplicables muertes en las protestas de los chalecos amarillos de Francia. Y el laberinto británico del Brexit. Y la falta de liderazgo e indecisión de Bruselas para combatir no ya una amenaza sino la realidad del terrorismo yihadista. Y el esperpento de Puigdemont intentando internacionalizar un conflicto que nada tiene que ver con la vía eslovena que ahora emerge a modo de ocurrencia de chistera…

Una niña guatemalteca de siete años acaba de morir de sed cuando cruzaba con su familia la frontera entre México y Estados Unidos. Sí, como reclamó Miguel Ríos, más que "novios de la muerte", necesitamos "novios de la alegría". Y creer de verdad, más allá de la utopía de una canción, que se puede defender una vida de justicia y dignidad "sin fronteras". Ni físicas ni mentales.

Ésa es la Granada a la que el viernes volvió el rockero. Y ésa es la Granada que levantó el culo del asiento para acompañarlo ¡a todo pulmón! Sólo nos queda decidir si es la Granada que fue o la Granada que puede ser.

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