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¡Granadinos a Nueva York!

Cada vez somos más los que creemos más útil la presencia en estos viajes de técnicos especializados que de políticos

Los viajes, sin lugar a dudas, constituyen para la gran mayoría de las personas un gran deleite, un goce en el que se participa, no sólo del disfrute paisajístico, sino costumbrista y cultural, desde los ambientes callejeros y los ruidos hasta la música, la gastronomía y el conocimiento de las personas de otros lugares diferentes a los que acostumbramos a vivir. Quizá por eso, cuando se organizan viajes para promocionar las empresas, la producción, las actividades económicas; en definitiva; y en ellos participan los políticos a los que ha tocado gobernar, la oposición -aunque anteriormente se haya comportado de manera similar participando, también, en viajes por el mundo- si no llega a rasgarse las vestiduras, al menos sí casi se arrancan, algunos, los botones de la camisa lanzando preguntas de por qué, cuándo, cómo, dónde, a costa de quién y cuántos asisten a esos viajes promocionales.

En realidad todos sabemos que; salvo aquellos viajes cuya organización se ha establecido enfocada absolutamente a lograr los fines pretendidos y aún así es raro el éxito preconizado; para muy poco o para casi nada vienen a servir esos desplazamientos, en lo que atañe al interés público.

En estos días andamos en la prensa local entretenidos con el affair del viaje de Granada a Nueva York de América que, organizado por la Cámara de Comercio, tiene prevista la participación, además de los necesarios e interesados empresarios, de un determinado -o indeterminado- número de políticos, que asistirán representando a las instituciones a las que representan.

Cada vez es mayor el número de los que creemos que de nada o de muy poco son necesarias sus presencias en ese tipo de viajes, si no es para que los mismos empresarios organizadores se sientan respaldados, de alguna forma, por la presencia de esos responsables institucionales, pues estamos, también, en el convencimiento de que mucho mayor, por más útil, podría ser la presencia de técnicos especializados de las respectivas instituciones en esos viajes promocionales, en los que se pretende divulgar imagen y producción, en busca de nuevos o mayores mercados.

Pero las cosas parece que han de ser así o al menos así vienen siendo, véase, si no, el reprobable y continuado ejemplo del presidente en funciones del Gobierno, el viajero Pedro Sánchez y el abusivo uso que viene haciendo de magníficos y costosos aviones o helicópteros, de los que sube y baja, como nuevo rico y que comenzó para asistir a algún concierto de música que a él, particularmente, le resultaba placentero. Y ello a costa del dinero de todos, ¡que tiene perejiles el asunto! ¿O no?

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