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Luis Chacón

luisgchaconmartin@gmail.com

Greta de Arco

El problema de declarar la emergencia climática desde Occidente será convencer a quienes no tienen agua o luz

En estos tiempos de tecnología punta, información ilimitada y educación universal, resulta risible que una joven campesina convenciera al Delfín de Francia para que le diera un ejército con el que derrotar a los ingleses y expulsarles por siempre de la sagrada tierra de sus ancestros. Pero la Corte francesa aceptó la historia de aquella niña que decía oír a San Miguel Arcángel, a Santa Catalina de Alejandría y a Santa Margarita y la convirtieron en líder militar y espiritual de aquella Francia asfixiada entre ingleses y borgoñones. El caso es que la chiquilla rompió el sitio de Orleans y la guerra se les puso de cara. Carlos VII fue coronado solemnemente en la Catedral de Reims y ya, asentado en el trono, ralentizó su estrategia frente a Inglaterra. Juana de Arco cayó prisionera del Duque de Borgoña en Compiègne y entregada a los ingleses, fue juzgada y condenada a la hoguera por hereje. Se ve que al otro lado del Canal no les resultó creíble que Dios apoyara al francés. Pero esto son cosas de la Edad Media. El siglo XV, nada menos, tiempos de brujerías, supersticiones e incultura, dirán muchos con cierta suficiencia y un toque de indisimulada petulancia.

Los mismos que armados con su móvil de última generación, comparten en redes sociales los mensajes de otra quinceañera, en este caso sueca, autoproclamada líder de la lucha contra el cambio climático. Y si a Juana de Arco la recibió el Delfín y con él, la flor y nata de Francia, a Greta Thunberg ya la han elevado a los altares el presidente Macron, el expresidente Obama y toda la cohorte universal de gobernantes. Entre los floreados discursos de unos y las alarmas climáticas de otros vamos a acabar como Juana de Arco; juzgados por herejes y en la hoguera.

Desde la cómoda riqueza de Occidente resulta epatante afirmar que no nos importa renunciar al crecimiento económico por el bien del planeta. El problema será convencer a quienes aún no tienen agua corriente o electricidad en sus casas. Y eso, cuando tienen casa. Pero más ridículo aún, debe ser asumir que un puñado de adolescentes declare la emergencia climática desde sus casas con calefacción y aire acondicionado, sólo porque ha aparecido otra Juana de Arco. Lo normal sería que fueran los gobiernos los que analizaran la situación y tomaran las medidas oportunas. Pero se ve que prefieren dejar que las criaturas se entretengan aunque se acaben convirtiendo en juguetes rotos.

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