Mirada alrededor

Juan José Ruiz Molinero

jjruizmolinero@gmail.com

Guerra en Europa

Fracasada la vía diplomática, la guerra en Ucrania saca los fantasmas que asolaron al viejo continente

Los que creemos firmemente en la paz, como elemento fundamental de la Humanidad y de cualquier región, y, por supuesto, de todos los seres humanos, vivan donde vivan, nos inquieta que en la vieja Europa, que tanto sabe de enfrentamientos armados, vuelvan a sonar los tambores de guerra y el fragor de los cañones, los tanques, los misiles, la destrucción y la muerte. Fracasada la vía diplomática, la guerra en Ucrania saca los fantasmas que asolaron al viejo continente. La última contienda europea -convertida en la segunda guerra mundial- la inició las ambiciones nacionalistas de un dictador sanguinario como Hitler. Hoy, acude a la guerra otro dictador, Vadimir Putin, que aunque no tenga las connotaciones del nazi, excepto en su concepto de revivir la 'Gran Rusia', que tuvo en Kiev la capital del imperio, hoy, capital de la dividida Ucrania, entre sus afectos por la 'madre patria', que están sobre todo en sus regiones separatistas, y su concepción legítima de ser una nación libre para decidir su futuro. Precisamente esa libertad que los pro occidentales basan en su inclusión en la OTAN es lo que más inquieta a Rusia, para no tener bases de misiles a quinientos kilómetros de Moscú y lo que ha exigido desde el comienzo de los contactos diplomáticos. Pero fracasada, hasta ahora, la vía diplomática no sólo inquieta las reacciones del 'matón' Putin, como lo ha calificado Biden, entre otros epítetos dedicados al que ya considera enemigo irreconciliable, sino las reacciones recíprocas a las medidas económicas que afectará, no sólo a los rusos, sino al resto de europeos, como ya estamos viendo en el aumento desmedido de los precios de los carburantes y al, mismo tiempo, de todas las materias, incluyendo los alimentos de primera necesidad.

España, miembro de la UE y de la OTAN, está incluida en ese tablero, alejada del papel no beligerante -con Franco, relativamente, con sus afectos fascistas, incluyendo la 'División azul' que mandó a Rusia- que desempeñó en las dos guerras europeas. Así que sólo nos queda esperar, sugerir no abundar, para no parecer insignificantes en el tablero internacional, en el conflicto bélico-económico y pedir cordura no sólo a Putin, sino a Biden, y, sobre todo, a los líderes europeos, cuyos países serían los primeros afectados si la crisis se extendiera. No olvidemos la amenaza de Putin, advirtiendo que los oponentes a sus proyectos pueden sufrir las consecuencias de una catástrofe desconocida en la historia. No volvamos a los miedos nucleares de la guerra fría y, sobre todo, establezcamos una conciencia mundial, aparte de las actitudes oficiales, que clame por la paz, la justicia y la libertad de los pueblos y las personas, las víctimas directas o colaterales de todo conflicto bélico.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios