Los nuevos tiempos

César Requeséns

crequesens@gmail.com

Hotel Granada Centro

El turista pirata se impone mientras los hoteles no pueden eludir impuestos; el deterioro de la vida se palpa

Al paso que vamos en la turistización del Centro Histórico, no sería de extrañar que reaparecieran oficios ya casi perdidos como el de botones o portamaletas por las calles más céntricas. Todo se andará.

Porque es llegar el viernes por la tarde y el trajín de visitantes que arrastran la maleta con la mirada atenta al nombre y al número de calle es ya una parte indisociable del comienzo de cada fin de semana. Los edificios se quedan vacíos de habitantes en fuga y llega una horda de turistas para ser granadinos por dos días.

Las cuentas hablan solas. La rentabilidad de un piso turístico bien gestionado por una central de reservas deja más beneficio que la familia en alquiler de larga temporada. No hay color. La rotación de camas es mucho más rentable que la pesadez de un inquilino que se puede eternizar y hasta dar problemas.

Pero son los vecinos que se quedan los que sufren esta ganancia de caseros. Los visitantes están de paso y no reparan en pedir pizzas o hacer reuniones hasta las tantas. O están de botellón en el piso con la música a toda pastilla y que les den al vecindario que en dos días ya no será ni un recuerdo. Alcohol, tapas y precios muy bajos son suficiente reclamo para que venga media España a consumir encanto.

La normativa poco importa. El turismo pirata se impone mientras los hoteles no pueden eludir impuestos. Y el deterioro de la vida se palpa, se agiganta por días. En Ámsterdam o París ya impusieron duras medidas pero en este sur de todos los sures seguimos gestionando las cosas con el espíritu trapacero y buscavidas de los limpiabotas y la moral de la gitanilla que te leía la buenaventura cerca de la catedral, toda ella oportunismo y ansia de pan en esta Graná sin modelo ni ya casi tranquilidad.

Clamar contra el curso de los tiempos es una actitud tan ingrata como solitaria. El negocio manda salvo para los cuatro dignísimos ciudadanos que todo lo más se acabarán yendo al extrarradio en busca de alquileres más baratos.

Es una cadena en la que sólo la intervención pública a distintos niveles puede hacer que cambien las cosas. Pero no se ven muchas ganas.

Y mientras tanto, seguiremos viendo cómo edificios enteros lucen vacíos durante la semana para estar en los puentes con el cartel de completo. Solo falta que les pongan servicio de habitaciones para que quede sin lugar a dudas que el Gran Hotel de Granada es su Centro, enterito.

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