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Flaco favor le hace a Andalucía Canal Sur al difundir la versión más rancia de nuestra comunidad

Hace unos años, cuando por las matrículas de los coches se podía saber la provincia de procedencia, aparqué en una calle de un pueblo de Salamanca con la idea de pasear por él y disfrutar de sus rincones pintorescos. Aún no había salido del coche cuando un señor de una tienda próxima empezó a protestar en voz alta dirigiéndose a mí. Tras comprobar que el aparcamiento era correcto, presté oído a sus palabras en las que vociferaba que ya estaba bien, que los andaluces estábamos arruinando a España con tanto vivir del cuento y trabajando lo mínimo. Tenía dos opciones: entrar al trapo y contestarle a semejante cretino o volver a montarme en el coche y buscar un lugar más civilizado. Opté por la segunda y me prometí a mí mismo que no iba a pensar que todos los vecinos de tan bella población eran tan botarates como semejante imbécil.

Los estereotipos no son más que eso: estereotipos. Pero se crean, se fomentan y favorecen esas opiniones de mentes lerdas y obtusas. El andaluz es alegre y expresivo por naturaleza. Y ni aun así existe un prototipo de andaluz que pueda ser representativo de tan vasto territorio. No es lo mismo un granadino de la Alpujarra que un cordobés de la campiña o un sevillano del Aljarafe. Afortunadamente. La variedad es riqueza y cada uno con sus peculiaridades representa una forma de ser andaluz. Por eso toda generalización representa una cierta forma de distorsión.

Los andaluces no somos más trabajadores que nadie, pero tampoco menos. No somos más juerguistas que el resto de los españoles, pero a la hora de divertirnos y de disfrutar de la vida se nos nota más. Somos más expresivos y abiertos y ello favorece que se hayan creado una serie de tópicos que perjudican más que benefician. Únicamente pongo un reparo a nuestra forma de ser: un extendido conformismo. No sé si esto es fruto de la sabiduría de siglos o de un cierto determinismo, pero como andaluz que soy, echo en falta un mayor grado de reivindicación de lo nuestro y de lo que en justicia nos pertenece. Sin agresividad porque, ante todo, somos un pueblo pacífico.

Y por cierto, hablando de estereotipos y de imágenes distorsionadas: flaco favor le hace a Andalucía la televisión pública al difundir de manera sobredimensionada la versión más rancia de nuestra comunidad y una difusión deformada de nuestra identidad. Andalucía es mucho más que un gracioso sin gracia alguna.

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