La ciudad invisible

César Requeséns

crequesens@gmail.com

Interpretar el paraíso

Del paraíso al infierno solo hay un paso. Lo marca la desidia y el olvido, dos caras de la cruz que lastra lo granadino

En Granada tenemos un paraíso en un valle del que sólo nos acordamos cuando buscamos exotismo. Mientras tanto, el Sacromonte (el Valle del Paraíso surcado por el río que del oro, el Dauro-Darro) languidece de olvido con su aura de leyenda que solo el turismo mantiene a base de zambras llenas de tópicos, japos y fotitos.

Para dinamizar el paraje, unos cuantos granadinos soñadores crearon, en parte de lo que fueran las antiguas cuevas de la antigua disco-zambra La Chumbera, el Centro de Interpretación-Museo de las Cuevas del Sacromonte. Como asociación Vaivén Paraíso (hoy ya cooperativa con seis empleados), alcanzan ya nada menos que veinte años de labor privada y comprometida con los olvidados, es decir, con ese matriarcado con patriarcas de una tribu sacromonteña mitad morisca mitad gitana que vivieron durante siglos no solo en armonía con la naturaleza sino dentro de ella, cavernícolas modernos, una singularidad más de esta tierra cuna del realismo fantástico.

Durante una década he llevado a pasear a granadinos y foráneos -con mis cursos para (no solo) universitarios de Casa de Porras- hasta aquel rincón perdido y he visto cómo evolucionaba el espacio, cómo hasta ofrecían cine de calidad en verano y todo a pulmón, es decir, sin más ingresos que las entradas allí donde nadie subía, pero permaneciendo, que es como se crea cultura en una ciudad donde los empeños suelen ser flor de un día.

Me entero que está en peligro la supervivencia del espacio por el final de la concesión municipal. Realmente olería el cierre del pírrico espacio que difunde al mundo entero que allí se vive y se vivió en cuevas, lejos del ruido y con lo que llevabas puesto, un contrapunto a este consumismo que nos engorda y hace infelices.

Del paraíso al infierno solo hay un paso. En Granada lo marca la desidia y el olvido, dos caras de la cruz que lastra lo granadino. A veces, tan solo a veces, la razón social se impone al deseo de matar lo genuino, lo nacido espontáneo de la voluntad ciudadana para servir a los que queremos seguir respirando y vibrando con lo distinto. Necesitamos esperanza, continuidad, apoyo y difusión para este paraíso cultural donde lo no funcionarial siga haciéndonos soñar con que es posible algo diferente, gestionado desde lo local y que defiende lo propio sin altanería y sin victimismos.

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