D. Jesús, ese consejero

Me apatecía retomar la normalidad y ello pasaba por recuperar amigos con los que aprendí en noches alentadoras

Las noches son largas. La pandemia reflexiona en exceso, sobretodo a intempestivas e inacabables horas. En ocasiones me pregunto si la vida a partir de los cincuenta corre más, si las necesidades fisiológicas se acrecientan en un cuerpo que ampliamente sobrepasó la mitad del alquiler. O, más bien, sólo miedo. Miedo a que todo se evapore, a lo que vendrá, al imprevisto, a un futuro incierto de hijos que deben crecer al menos al lugar en que nos dejaron. No. No es cuestión de dinero. Es sólo dignidad, orgullo y grandes dosis de responsabilidad…

Y miedo a la pandemia. Mucho. La de lexatines consumidos en comprometidas noches de insomnio… quizá por ello este martes en que la tertulia volvió a reunirse, tuve dudas de acudir al conocer que el invitado era el consejero de Sanidad. Por un lado, me apetecía retomar la normalidad, y ello pasaba por recuperar amigos con los que tanto aprendí en alentadoras noches de sabias opiniones. No en vano, como dice el presi, la tertulia nació allá por el año 2004 para enseñar a querer Granada. Por otro, ahora que regresamos con la lección de lo efímero aprendida, ahora que perdimos el discurso de nuestra inmunidad, ahora no quería telediarios, ni mensajes de miedo. Ahora no quería regresar a las trincheras que cavamos hace un año.

Tampoco pretendía un discurso político, uno más. Veintitantas personas contentas de su reencuentro no permitirían una noche de promesas y medallas. Pero hete aquí que descubro alguien que habla español del que se entiende, que en toda la noche no necesitó hablar mal de nadie; un cordobés que para quienes profesamos un concepto de político no demasiado loable, descubrir alguien que enfrenta el infierno de la pandemia y viene a defender sus ideas con sencillez y naturalidad, nos dejó desarmados y confundidos. Cercano, natural, de fina inteligencia, la sensación de estar en buenas manos. Sin adornarse, respondiendo con solvencia y conocimiento.

Son tantas las ocasiones en que nos amoldamos a estereotipos, son tantas las que creemos que la inteligencia debe albergarse en continentes unamunianos o conclusiones a lo Einstein, que, mira por dónde, descubrimos a un sujeto que no va de nada, sólo de Jesús Aguirre, médico de familia, transitoriamente consejero, y cuya mayor virtud y por lo que quiere se le conozca es por ser hermano de Juan José Aguirre, religioso misionero y obispo de la diócesis de Bangassou (Centroafrica).

Excelente noche. Pude dormir sin un Lexatín de por medio… Redonda. Nota: este artículo ha sido elaborado con testimonios de compañeros de tertulia, a los que agradezco su prestigiosa colaboración y conocimiento. Por ellos. Y por nuestro reencuentro.

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