Quousque tamdem

Luis Chacón

luisgchaconmartin@gmail.com

'Jojo Rabbit'

Aúna la amistad incondicional de la infancia con el valor, la responsabilidad, el amor y la maternidad responsable

No sé si estos serán los felices o locos años veinte, como lo fueron para los estadounidenses hace un siglo. El Viejo Mundo disfrutó de una prosperidad que trajo un profundo cambio sociopolítico y que combinó posguerra, crisis y gestación del fascismo. Tampoco sé si acabarán igual; Gran Depresión, triunfo del totalitarismo y una guerra que dio paso al comunismo en media Europa. Es más, tengo infinita esperanza en que no sea así. Pero el horizonte dibuja nubarrones. El auge de la extrema derecha, los nacionalismos exacerbados que empiezan a despuntar y los discursos maximalistas y hueros de patrias en peligro y banderas al viento, no auguran más que amenazas para la democracia y con ella, para las libertades que disfrutamos.

La fascinación que despertó el fascismo entre la juventud de la época -algo que puede volver a ocurrir- se plasma con pulso firme en Jojo Rabbit, una auténtica joya cinematográfica que demuestra como la mejor manera de desmontar a los totalitarios es enfrentarlos a sus propias contradicciones. La sátira -Chaplin y Lubitsch la usaron en pleno conflicto en dos obras maestras; El Gran Dictador y Ser o no ser- vuelve a servir para esbozar un Hitler caricaturesco que recuerda vivamente al original. Toda la parafernalia nazi de saludos, desfiles, marchas militares, gestualidad, retórica vacía y uniformes, es pura parodia. Trágica y ridícula. Ya definió el conde de Foxá a las centurias del Frente de Juventudes como "cien niños vestidos de gilipollas detrás de un gilipollas vestido de niño". Ver a Hitler en pantalón corto -el tradicional lederhosen bávaro- provoca la carcajada. Pero entonces, generaba admiración infinita y adhesión ciega entre las masas.

La historia de Jojo es tan sencilla como hermosa. Un niño adoctrinado que sueña con el campamento de las Hitlerjugend para cumplir su ilusión -terrible destino inculcado por el nazismo- de ir a la guerra. Hasta que el crudo descubrimiento de la realidad le lleva, primero a la duda y después, al desencanto y al dolor inmenso, mostrado con absoluta elegancia en un solo plano. Todo su devenir es un canto a los valores más nobles que debemos defender. Aúna la amistad incondicional de la infancia -todos nos vemos en los abrazos de Jojo y Yorki- con el valor, la responsabilidad, el amor y la maternidad generosa y responsable. Háganse un favor; vayan a verla. Y no olviden ir con sus hijos. No se arrepentirán.

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