La chauna

José Torrente

torrente.j@gmail.com

Justicia política

Se quejan los juristas de quienes critican la sentencia sin haberla leído. Como si tras leerla su opinión fuera a ser distinta

A la justicia solo le faltaba marcarse una negociada sentencia contra los procesistas catalanes para hallar más sospechas de su independencia. Pretender la unanimidad del Tribunal en la sentencia ha conllevado mirar de reojo a la política, y consensuar una condena que dé alivio a tirios pero sea provocadora para troyanos. Pinta de cierto apaño sí que destila. Llarena, como la Fiscalía, acusaban de rebelión, pero el tribunal ha condenado por sedición.

De la blandura de su exégesis justiciera hacen gala unos; de la dureza de su contenido "vengador" se hacen víctima los otros. El caso es que los jueces han dictado sus conclusiones con un ojo puesto en la política y el otro en Estrasburgo, no vaya a ser que por indeseada razón, la justicia europea viniera con algún reproche al TS.

Se quejan juristas de reconocido prestigio de que haya críticos de la sentencia que ni la han leído siquiera. Como si tras leerla su opinión fuera a ser distinta o desligada de su ideología militante.

Para unos no llega, para otros se excede. Justicia política, con los políticos presos esperando impacientes que llegue el 11-N, fecha en la que será oficial el tercer grado carcelario que ya vienen disfrutando de facto con vergonzantes y antirreglamentarios privilegios, desde que los trasladaron a Lledoners.

Por si la división de poderes tuviera escaso agarre para demostrarse cierta, hete aquí cómo el cuarto aplazamiento de la sentencia de los ERE coincide con la próxima convocatoria electoral, añadiendo así otro argumento favorable a quienes dudan que la justicia sea imparcial e independiente.

No parece que tener a la espera de sentencia a muchos acusados socialistas pase inadvertido para quienes levantan la venda de la diosa de la balanza, especialmente porque a la cabeza de los acusados figuran los exministros y expresidentes socialistas Chaves y Griñán, varios exconsejeros y un sinfín de cargos intermedios de gobiernos organizados por el todopoderoso PSOE.

No es la primera vez que los jueces se suman, directa o indirectamente, a la causa progresista. Valga el ejemplo de la recusación aceptada por la AN del juez ponente de aquella sentencia de la Gürtel, por innecesaria demostración escrita de su odio visceral al PP, para beneficio explícito del PSOE.

"La Justicia no está para favorecer procesos políticos, pero tampoco está para obstaculizarlos", dijo Conde Pumpido, exfiscal general del Estado con ZP. Justicia política. No hay más preguntas, señoría.

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