La ciudad invisible

César Requeséns

crequesens@gmail.com

Lecturas de Armilla

Entre lecturas y saludos pensé que a unos metros del acto, en el Nevada, había una masa afanada en consumir

Asistí con gusto a una lectura de textos en la Casa García de Biedma de Armilla. Café con letras llamaron al acto que, dado el éxito participación, seguirá para satisfacción general ya todos los meses.

En el patio de aquel bello edificio reconvertido en espacio para la cultura y sus sueños, escuché los textos de escritores incipientes que se lanzaban a compartir su sentir un finde cualquiera. Conocía a algunos de otros espacios que se van habilitando en la ciudad ahora que el imperio de las pantallas provoca esta rebeldía individual de montar grupos de lectura, jams de poesía o tertulias para verse cara a cara y rescatar sensaciones que el wassap volvió añejas. Más de veinte escritores-lectores, entre los que reconocí a Ana Burgos, con sus textos de acerado intimismo; o a Cristina Zarca con su creciente poética; o a Patricia Valenzuela y demás alumnos del taller literario que impulsó el evento y, claro, a Francisco Bravo, profesor de escritura que en Armilla, en casi tres años, ha contagiado esa llama creativa que busca cauce para hacerse comunidad, hilo tan necesario.

A veces pasa que todo se alinea: las ganas de hacer cosas cuenta con receptividad y te encuentras incluso a toda una alcaldesa leyendo sus textos, dejada la coraza política en la puerta para ser sólo un sentir más que se expresa entre un mar de oyentes, con escucha atenta que realizan la victoria de las letras sobre el sopor inane del ocio nadeante.

Entre lecturas y saludos pensé que, a unos metros del acto, la realidad era distinta, con una masa afanada en consumir en el templo del Nevada; pensé en otros lares donde la política, ese arte también de lo deseable, se orienta a hacernos felices, caso de Islandia, v. g., donde se publican más libros anuales que habitantes tiene la isla. Ser distinto es lo suyo.

Algo se remueve en Armilla. Una población en franca metamorfosis. Y se lo toman potenciando su flamante biblioteca, concursos literarios -el Atenea ya va por su tercera edición-, radios con encanto, o una casa de la cultura donde poder cantar, bailar o hacer teatro.

Así, te reconcilias con la humanidad y piensas que es posible la ilusión de estar un sábado tomando un café con bizcocho y con letras entre gente que pone corazón en lo que hace, también en Armilla, a tiro de metro y hasta en sábado.

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