La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Libertad de odio

Libertad de expresión no quiere decir que los creyentes queden excluidos de los artículos 510 y 525 del Código Penal

Qué nivelito tiene nuestra clase política. Solidarizándose con ese señor con nombre de orca peliculera liberada y apellido de la ciudad en la que se templó el acero de la fiel espada triunfadora de "El huésped del sevillano", la parlamentaria Teresa Rodríguez tuiteó: "Han detenido a Willy Toledo por cagarse en dios y yo ¡me cago en dios! porque han detenido a Willy Toledo. La libertad de expresión es sagrada". Lo primero -que lo detuvieran por tan grosera blasfemia- es mentira. No fue detenido tras haber sido denunciado, de acuerdo con el artículo 525 del Código Penal, por graves ofensas a los sentimientos religiosos, sino por haberse negado dos veces a presentarse ante el juez. Lo segundo -que la libertad de expresión es sagrada- es cierto sólo en la cuarta acepción de la palabra. Las tres primeras definen lo sagrado como lo digno de veneración por su carácter divino o pertenecer al culto.

Pero en fin, convengamos -remitiéndonos a la cuarta acepción- que la libertad de expresión es sagrada como forma de expresar que se trata de algo fundamental y digno del mayor respeto. ¿Acaso está en peligro en España? ¿O más bien no será el colmo de la libertad de expresión que cada cual pueda decir lo que quiera y cada cual pueda denunciarlo si se siente ofendido o agredido, decidiendo un juez en aplicación de la ley vigente? Si alguien ofende gravemente al actor denunciado o a doña Teresa Rodríguez estarían en su derecho de denunciarlo sin que ello suponga merma o recorte de la libertad de expresión.

Otra cosa sería que se cambiara la legislación vigente para que los creyentes quedaran desprotegidos tanto por el artículo 525 del Código Penal como por el 510 que contempla el delito de odio que condena a "quienes públicamente fomenten, promuevan o inciten directa o indirectamente al odio, hostilidad, discriminación o violencia contra un grupo, una parte del mismo o contra una persona determinada por razón de su pertenencia a aquél, por motivos racistas, antisemitas u otros referentes a la ideología, religión o creencias, situación familiar, la pertenencia de sus miembros a una etnia, raza o nación, su origen nacional, su sexo, orientación o identidad sexual, por razones de género, enfermedad o discapacidad". ¿Es esto lo que pretenden quienes consideran que insultar a los creyentes y fomentar la hostilidad hacia ellos y sus creencias e instituciones es libertad de expresión?

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios