EN TRÁNSITO

Eduardo Jordá

Mal hecho

Atodos nosotros, en un momento u otro de nuestra vida, se nos aparece Mefistófeles y nos pregunta con aire insinuante si deseamos algo. Y la mayor parte de nosotros, por supuesto, decimos que sí, igual que hizo el doctor Fausto de la vieja leyenda germana cuando vendió su alma al diablo a cambio de la juventud y el amor de una mujer llamada Margarita, tal y como nos contó Goethe en su Fausto.

Hay una foto en la que se ve a Barack Obama en el momento exacto en que está vendiendo su alma a Mefistófeles, y esa foto está tomada en un gabinete de la Casa Blanca, justo en el momento en que las tropas especiales de Estados Unidos están asaltando la mansión de Ben Laden en Pakistán y se disponen a ejecutarlo. Obama tuvo una última oportunidad de gritar "¡Traedlo vivo!", pero pensó en la oleada de popularidad que le iba a otorgar el asesinato de Ben Laden, y luego pensó en su más que probable reelección por haber sido el hombre que había conseguido "eliminar" a Ben Laden, así que pronunció la orden "Adelante", y luego, cuando todo hubo terminado, salió ante las cámaras de televisión anunciando que se había hecho justicia. Eso dijo, justicia, aunque supiera que no había ni un átomo de justicia en lo que se acababa de hacer. Y es que Obama ya se había convertido en un político igual de corrupto y mentiroso que cualquier otro. Igual que Nixon, desde luego, e igual que George W. Bush.

Ben Laden vivía encerrado en una mansión de la que apenas podía moverse, y su declive se parecía al de Michael Jackson encerrado en su mansión de Never Land, porque Michael Jackson vio con desesperación cómo triunfaban Rihanna o Lady Gaga cuando ya casi nadie se acordaba de él, del mismo modo que Ben Laden ha tenido que ver que ninguno de los miles de participantes en las revueltas árabes enarbolaba su retrato o hacía ondear la bandera verde del islam, así que su época de esplendor había pasado porque casi nadie se acordaba ya de él. Y como ya casi nadie se acordaba de él, Ben Laden debería haber sido juzgado por un tribunal, igual que se juzgó en Nuremberg a los jerarcas nazis capturados al final de la Segunda Guerra Mundial. Y la imagen más demoledora para el mito de Ben Laden habría sido la de un viejo confuso y enloquecido que caminaba esposado hacia un tribunal mientras mascullaba improperios que nadie se tomaba en serio. Pero esa imagen no le hubiera permitido a Obama asegurarse una más que probable reelección, así que Mefistófeles se apareció en el Despacho Oval y le preguntó al presidente si deseaba algo, y Obama quiso confirmarnos que él también era igual que nosotros, o al menos era igual que los más mezquinos de entre nosotros, así que dijo: "Quiero que se haga justicia", y dejó que sus soldados apretasen el gatillo.

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