El termómetro

ENRIQUE NOVI

Maldita Europa

LA espiral de inmoralidad en la que viene cayendo la vieja, engreída y bien alimentada Europa hace que cuando parece imposible superar el grado de abyección, de ignominia y de envilecimiento ya alcanzado, las desalmadas mentes de los dirigentes que la conducen al abismo de la vergüenza inventen un nuevo modo de que muestre una faz aún más inhumana, más mezquina, más esclava del miedo irracional, egoísta e insolidario.

Desde esta tribuna he clamado, como tanta gente, contra la política de blindaje contra refugiados e inmigrantes que aplica la UE, una política que sistemáticamente ignora las leyes internacionales que en la mayoría de los casos promovió la propia Europa cuando aún sangraban las heridas infligidas por sus guerras y que hasta ahora pensábamos que suponían un progreso hacia un mundo más justo e igualitario. Los países en los que tuvieron que refugiarse centenares de miles de checos, de húngaros, de búlgaros, de franceses, de austríacos, de holandeses, belgas, griegos o polacos, de judíos alemanes, eslavos, rusos… Esos países acogieron con humanidad y sin necesidad de leyes que se lo impusieran el chorreo constante de desplazados que huían del horror de la guerra. Por eso resulta tan sangrante ahora la incomprensión que mostramos los europeos como sociedad para los que han tenido la desgracia de verse entre el fuego cruzado de los fanáticos de uno y otro lado. Esta, sencillamente, no es la Europa que conocimos y en la que creímos, es una Europa que renuncia a sí misma.

Cuando parecía insuperable caer más bajo, algunas mentes miserables encuentran la solución aplicando el mercantilismo que para ellos es la panacea que todo lo cura. Sencillamente externalizamos el problema subrogando a la dictadura turca, que para este caso calificamos de "país seguro", lo que según la ley es nuestra obligación. Y decidimos que financiar fuera del vallado europeo un campo de concentración para desheredados es una idea brillante. Como el aficionado adinerado a los caballos que deja en manos de otros con más costumbre y más necesidad eso de recoger la mierda que van dejando.

Me ahorraré comentar los detalles del acuerdo, los datos de desplazados y las muchas voces autorizadas que señalan la flagrante ilegalidad de la medida. Solo citaré al cadáver andante llamado Rajoy, que apenas dos días antes, y sin enterarse de lo que se traían entre manos los que sí que pintan algo en la Unión, tuvo los santos cataplines de ponerse estupendo y recordar, a destiempo, que el asilo es un derecho, y que España mantendría una posición constructiva. En su boca esta palabra suena más bien a que pedirá la participación de las empresas españolas en el campo de concentración turco.

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