Los nuevos tiempos

César Requeséns

crequesens@gmail.com

Maleta resignada

Si no era el virus, sería la ruina la que te llevara a la tumba con banda sonora triunfalista del gobierno

Hacía casi un año que no escuchaba el gorjeo sordo de las ruedas de las maletas por las calles del centro de Granada. Después de años en que llegué a casi odiarlo por lo que significaba de turistas del todo a cien gentrificando aún más el casco histórico, su ausencia absoluta se había resignificado en ruina técnica de una ciudad que no supo diversificar el maná del turismo en la oleada que se le vino encima. Hasta lo malo se echa en falta cuando el desastre sin anestesia es lo que se vino encima.

El hundimiento vírico era ese silencio. Hasta los pajaritos se oían por el centro sin un euro que llevar al bolsillo para taxistas, heladeros, cocineros, guías, camareros o dependientas. Ser autónomo pasó a ser una cotización de riesgo. Si no era el virus, sería la ruina la que te llevara a la tumba con banda sonora triunfalista del gobierno coreando las bondades de su gestión visionaria.

Vuelven a resonar por el empedrado las ruedas de las maletas. En unos meses será un odioso traqueteo masivo. No aprendemos. Si llega el euro, todos a ver si pillan céntimos. Da igual si seguimos con este vender Granada como la Meca del tapeo baratico o del coma etílico low cost jaleado desde los abrevaderos pijos de Ganivet y su entorno. Mientras haya billetes para hoy pues que el hambre o el virus se los lleve mañana. A quién le importa. Ponte otra que ya no hay toque de queda, venga, alegría. La gallina ponedora de la casi única fuente de ingresos que le va quedando a Granada volverá a ser la frágil opción a la industria funcionarial universitaria incluidos los rentistas 'alquilapisos'.

Volverán las ruedas de maletas a ahuyentar el trajín de las golondrinas, a suplantar el silencio de las cuestas y las plazas para regocijo de teterías y tiendas de souvenirs al kilo, de zapaterías y perfumerías en franquicia millonaria, de restaurantes fast food con menú turístico, marabunta de modelo que iguala capitales históricas que cada vez parecen más la misma.

Regresará el ajetreo vocinglero, el negocio de despedir en manada a los solteros, la escasez de entradas a la Alhambra, el hurto fácil de los descuideros a los de la tez tan blanca, ese caudal de euros que ya se anuncia en torrente y por el cual, sin mayor opción que la resignada monotonía a rescatar, sufrimos ansiosos y nos desvivimos.

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