Cambia, todo cambia

Maltratando a Juana Rivas

Las mujeres, sus hijas y sus hijos, se merecen unas políticas públicas contundentes y un sistema jurídico feminista

La semana pasada escribí un artículo sobre Juana Rivas que ha levantado polémica, tanto por la visión feminista como por la comparación colonial con los Reyes Católicos. La segunda cuestión la trataré más adelante, pero la primera urge, pues arrecia la campaña de la caverna y el maltrato institucional y judicial a Juana Rivas y a sus hijos. Y yo eso no lo aguanto, señores.

Me gustaría empezar por recordar a todas las mujeres, niñas y niños que han sido víctimas de abusos y de violencia machista. Seguramente muchas podrían contarnos historias parecidas a la de Juana Rivas, pero no todas han tenido el apoyo ni han podido juntar las energías que tiene esta mujer para poder defenderse. Eso sí, ella consiguió escapar de su maltratador, pero sus hijos todavía no. Estoy seguro de que conoceríamos muchos más casos como el que nos ocupa si en todos los ayuntamientos hubiera asesoras tan valiosas como la del Ayuntamiento de Maracena, que se está jugando su puesto de trabajo por defender los derechos de su vecina y también de sus hijos.

Parece que todavía algunos tratan de comparar la violencia machista con algunas situaciones injustas que viven los hombres en separaciones conflictivas. Sin embargo el número de hombres asesinados por sus parejas mujeres se acerca bastante al cero, mientras que a día de hoy ya son 43 mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas masculinas en 2018 y a esta cifra debemos sumar los 10 niños asesinados. Situaciones particulares hay muchas, y todos los hombres que tenemos pareja podemos vivir una ruptura conflictiva y dolorosa, pero el riesgo que sufrimos no incluye nuestra integridad física. Por eso son las mujeres, sus hijas y sus hijos, quienes se merecen unas políticas públicas contundentes y un sistema jurídico feminista que les permita defenderse democráticamente del machismo que todavía pretende dirigir nuestra sociedad.

Quiero recordar finalmente la importancia de la solidaridad de las feministas con las mujeres de nuestro país, independientemente de su ideología, de su origen o de su clase social. La ola de apoyo a Juana Rivas y la mujer violada por La Manada son ejemplos claros de esta realidad. Como padre de mi hija, como hijo de mi madre, como nieto de mis abuelas, y como compañero de todas las mujeres con las que he tenido la suerte de compartir algún momento de mi vida, pero sobre todo, como humano, me sumo a esta ola que debería inundar para siempre nuestro país y el resto del planeta, y exijo a los gobiernos de Italia y España que intervengan para proteger a los hijos de Juana Rivas.

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