Cámara subjetiva

Ángeles Mora

Mayos

CUANDO la primavera llega a su apogeo, en mayo, el Festival de Poesía de Granada cuelga poemas en los autobuses y los reparte también en los buzones. Este año dejará además libros esparcidos por la ciudad para que quien los encuentre los lea, si quiere, y los vuelva a dejar para otra persona que pase por allí. Libros sueltos que van de mano en mano. Bonita idea, siempre que uno sea capaz de desprenderse de un libro que le guste mucho. Pero buen aliciente, aunque se rompa la cadena…

Hay gente que piensa que la cultura está reñida con las aficiones vulgares de la gente corriente: la afición al fútbol, pongo por caso, que es la más extendida entre los españoles. Soy de las que confiesan que le gusta el fútbol, aunque me pase la vida leyendo. Ahora no está tan mal visto, pero hubo una época en que admitir que te gustaba el fútbol era como reconocer tu irremediable vulgaridad. Hace unos días alguien me miró con cara de asco y me dijo que ese tiempo -el que yo pensaba perder viendo un partido- prefería dedicarlo "a leer un libro, por ejemplo", recalcando lo de leer un libro, para que me doliera a mí, que he escrito alguno… Pero qué le vamos a hacer, esas cosas no se pueden disimular, así que nunca se me cayeron los anillos por declarar mi deriva futbolera. Aunque con la debida distancia, sin tomármelo a la tremenda. Si pierde mi equipo, otra vez será. Si gana, disfruto hasta la próxima derrota… que llegará. También me pellizca la copla, otra vulgaridad, pero esta afición la llevo peor por culpa de los niños copleros de Canal Sur

Pues bien, a propósito del fútbol y del mes de las flores. Cuando la primavera llega a su apogeo, nuestra competición futbolística -la Liga- se pone al rojo vivo. Esta temporada, sin embargo, casi no ha habido emoción: a tres jornadas vista, el Real Madrid la ha ganado. ¿No lo sabían todavía? Es difícil que no se hayan enterado. Sobre todo por el modo de celebrarlo en la Fuente de las Batallas y alrededores. Justamente con eso, con una batalla organizada por jóvenes bestias -no sé cómo llamarlos- rompiendo cosas, que corrían perseguidos por la policía. Me dio mucha pena. ¿Serán los mismos que van a leer un libro de poesía en un banco del parque?

Hace cuarenta años de otro mayo muy distinto… Cerré los ojos. Vi barricadas, vi a otros jóvenes correr perseguidos por otros policías. Eran otros tiempos y entonces no se salía a la calle a protestar por haber ganado un partido de fútbol, había cuestiones más importantes. Ahora también las hay. ¿A esto hemos llegado?

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