Memoria

En estos tiempos de posverdad es bueno recordar algunos de los viejos lemas: verdad, justicia, reparación

Aunque la guerra acabó en España en 1939, no se aprobó una ley de Memoria Histórica hasta el año 2007. Aunque la Constitución se aprobó en 1979 y ello supuso la llegada de la democracia a este país, ha sido en este mes de marzo del 2019 cuando se ha acordado poner el nombre de un alcalde de la República a una calle de Granada. De hecho, aún hoy en el Ayuntamiento solo hay un retrato de los alcaldes de la ciudad en la época de la República.

Y es verdad que todas las víctimas son iguales. Pero no todas han sido recordadas o reconocidas de igual manera: mientras que quienes ganaron la guerra vieron cuidar y reparar de forma hasta delicada sus heridas, las personas vencidas en esa misma guerra vivieron en muchos casos con sus heridas abiertas porque nuestra transición eligió en muchos casos preservar la paz por encima de la justicia.

Por eso es noticia que en la pasada comisión delegada de Presidencia, Empleo, Igualdad y Transparencia celebrada el pasado 18 de marzo se aprobara por unanimidad, con el acuerdo de todos los grupos para trasladar la propuesta al pleno, la de dar el nombre de Manuel Fernández Montesinos, último alcalde republicano de Granada, a una plaza, aún sin nombre, situada entre las calles Pintor Manuel Maldonado, Pintor Hermenegildo Lanz y Valencia, a la altura del parque Carlos Cano.

Quizá por cosas del azar o del karma el callejero de Granada va a volver a reunir a algunas de las personas que participaron en la tertulia del Rinconcillo, una de las de mayor impronta en la Granada de principios del siglo XX: además de Fernández Montesinos, el pintor Hermenegildo Lanz, los músicos Manuel de Falla o Ángel Barrios, los hermanos Francisco y Federico García Lorca (con los que finalmente emparentaría, al casarse con su hermana Isabel). Justicia poética, quizá.

Nunca es bueno olvidar el pasado. En él están algunas de las claves de nuestro presente, pero también pistas para construir un futuro sin repetir errores.

Tampoco es bueno que, por superar las heridas de ese pasado, debamos ningunear a una de las partes o fingir que los conflictos no existieron. Siempre es mucho mejor aceptar la realidad, reparar el daño, hacer justicia para todas las partes.

En estos tiempos de posverdad es bueno recordar algunos de los viejos lemas: verdad, justicia, reparación.

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