La ciudad invisible

César Requeséns

crequesens@gmail.com

Ministros de récord

Los fanáticos del socialismo tendrán sus razones, pero creo que hasta ellos no habrán evitado un sonrojo

Este gobierno de las celebrities que armó Pedro Sánchez -al que unos llaman Pedro El Breve y otros El Usurpador- nacido de una carambola política promovida, dicen, por motivos éticos -para combatir la corrupción galopante de sus oponentes-, ha demostrado en tiempo récord la dificultad que tiene este país para encontrar dirigentes con el expediente limpio o al menos no tan sucio como el de los que vinieron a quitar, precisamente, por tanta suciedad.

Resulta contradictorio: el PSOE dio su golpe de timón legal para derrocar a un partido ya moribundo por el cáncer de las corruptelas varias (Gürtel, Bárcenas, Camps y decenas de nombres/casos aislados más). Ok. Nada que objetar. Hacía falta. Pero se demuestra, con sólo pasar unas semanas, que ese cáncer de las corruptelas ya había contagiado al sistema mismo, dando lugar al bochornoso espectáculo de incluir a un ministro de Cultura bate récords en dimitir de un cargo por fraude continuado a la Hacienda pública y otro, el de Agricultura, bajo sospecha al estar investigado por, también, asuntos turbios. Demasiada suciedad en tan pocos días.

Los fanáticos del socialismo tendrán sus razones pragmáticas y eso, pero yo creo que hasta ellos, que nunca quieren mirar su escandalosa posición de corrupción sistémica en toda Andalucía (hasta dos ex presidentes sentados en el banquillo y ya no se sabe ni cuantos dirigentes y ex dirigentes pendientes de sentencia firme), incluso estos que siempre señalan al de enfrente para no tener que reconocer ningún vicio propio, hasta estos que no cejan en vociferar los pecados de los demás, habrán podido evitar un sonrojo y un amargor cuando se enteraron de que dos de sus flamantes ministros de la nueva etapa de redención estaban también manchados con el color del dinero.

Se instala así entre la ciudadanía del signo político que sea una apatía, un hartazgo ya antiguo y sin visos de que tenga final que debilita a todos, en sus ilusiones y esperanzas y, especialmente, en la falta de credibilidad de una casta/clase/estamento entre la que resulta tan difícil sacar algo limpio y claro, obligando a elegir entre el menos trilero de todos para que mangonee un poco menos y con más cuidado, que a ese nivel tan bajo estamos ya, viendo cómo se sucede sin un rubor tanto marrullero.

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