Quousque tamdem

Luis Chacón

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Napoleón Rivera

Esta deriva autoritaria de quien llegó predicando nueva política no es más que un peldaño más en la escala de contradicciones

La conversión al liberalismo progresista y macroniano de tantos militantes de Ciudadanos, que la tarde anterior se declaraban socialdemócratas y unos meses antes, hasta alardeaban de su viejo carné socialista, fue por obra y gracia del señor Rivera. Don Alberto vio la luz y transmitió la fe a todo su rebaño que lo aceptó con unánime balido de aprobación. No se recuerda algo así desde la conversión de Clodoveo, cuyo bautismo arrastró a todo el pueblo franco. Y eso fue allá por el siglo VI. Igual que el rey merovingio vio la luz y abrazó la cruz, el ínclito líder ciudadano decidió que París bien vale una misa y enarboló la bandera del liberalismo con la misma analfabeta decisión que hizo a la doncella de Orleáns comandar un ejército de desharrapados que la siguió ciegamente.

También es cierto que estas conversiones súbitas resultan siempre algo teatral e interesado. Es más, ya he escrito alguna vez que, a la gran mayoría de los liberales por la gracia de Albert, les hubiera dado igual hacerse bonapartistas. Y aquí, ya he empezado a ponerme nervioso. ¿Por qué? Verán, el señor Rivera ha decidido expulsar de la dirección nacional del partido a todos sus críticos a la vez que nombra a un buen puñado de afines para dejar más aún en minoría a los pocos que no blandan el incensario ante su etérea presencia. Y una purga de ese tipo la hubiera firmado el propio Bonaparte. Al fin y al cabo, eso fue lo que hizo el 18 Brumario disolviendo el Consejo de los Quinientos.

Esta deriva autoritaria de quien llegó predicando nueva política no es más que un peldaño más en la escala de incumplimientos y contradicciones de aquel líder que se nos presentó desnudo y ya tiene más trajes ideológicos en el armario que disfraces lucía Mortadelo. El campeón de la lucha contra la corrupción apoyó al PSOE andaluz de los ERE y ahora al PP madrileño de la Gurtel, con el mismo descaro que abomina de la extrema derecha de VOX pero acepta sus votos siempre que sea para sentar a los suyos en alcaldías y gobiernos autonómicos. Para este viaje no hacían falta tantas alforjas. También el general Bonaparte apareció para salvar la República y al poco, se autocoronó como Napoleón I, emperador de Francia. Igual nuestro joven Napoleón Rivera está ensayando como lucir cetro y capa de armiño en la próxima reunión de su Ejecutiva Nacional, sin ser consciente de que Waterloo siempre acecha a la vuelta de la esquina.

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