La ciudad invisible

César Requeséns

crequesens@gmail.com

Odiar en catalán

En las escuelas se hizo un trabajo de fondo y de forma tolerado por gobiernos socialistas y peperos

Que la semilla de la cizaña ha floreció hasta entorpecer la visión de aquella región no es sólo una percepción subjetiva, a la espera de los sesudos estudios de rigor que confirmen lo que se siente y padece por aquellas tierras. Aún no está fijada la fecha histórica en que se realizó la primera siembra de la discordia en Cataluña, pero mucho tiene que ver con la formación nacional-catalanista que allí sufrieron los que ahora son incapaces de razonar más allá de sus límites mentales inculcados.

Lo que está claro, más allá de la 'verdad' interesada del gobierno miedico-buenista de ahora, es que en las escuelas se hizo un trabajo de fondo y de forma tolerado por gobiernos socialistas y peperos. La administración se hizo la longui para mantener los apoyos. Y así llegamos a dejar que fermentara el odio a España en los corazones que hoy vocean la rabia que les da pertenecer, mal que les pese, a un país grande y amplio en horizontes, historia y cultura que acoge en un todo a aquella porción de tierra absolutamente contradictoria, visceral, chanchullera, creativa, emotiva y española que es la tierra de Dalí, Gaudí o Pere Gimferrer.

Lo lógico era haber legislado para que cohabitaran las lenguas y las culturas, pero se quiso compensar discriminando (mala cosa en general) y así llegamos a lo sucedido el pasado fin de semana en que a una manifestación en favor de la enseñanza en castellano le okuparon la plaza de San Jaime para evitar que ejercieran su derecho a expresar lo que piensan. La policía autonómica se limitó a redirigir a los manifestantes para evitar altercados. Pero no, no era eso. Los okupas se salieron con la suya, en ese espíritu de cruzada que está dejando salir lo peor de cada uno y provoca ya ganas de llegar a las manos después de tanto tiempo con un país paralizado y en estado de excepción permanente.

Pinta mal la cosa. Hay hastío y, lo peor, se tienen ganas unos a otros, poniendo unos los lacitos amarillos que quitan otros con rabia para verlos puestos al día siguiente y así ad aeternam. En ese círculo vicioso están las cosas a punto de estallar en una territorio bloqueado y ensimismado en un drama psicoanalítico puro producto de aquel dejar hacer culpable.

Mal pinta aquello, y no hay liderazgo que lo encauce. Mala cosa.

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