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Ojo crítico

No estaría de más aprender a distanciarse, a mirar con frialdad los escenarios electorales

Amediados del pasado siglo tuvo gran acogida una técnica teatral ideada por Bertolt Brecht, el dramaturgo alemán. Quiso apartarse de la catarsis aristotélica y propuso, en su célebre teatro de Berlín, que los espectadores permanecieran distantes, sin dejarse conmover por lo que sucedía en los escenarios. Gracias a la mirada fría que imponía este distanciamiento, Brecht buscaba sobre todo fomentar el espíritu crítico del público. Al no sentirse arrastrados por emociones y sentimientos los espectadores no se identificaban con los comediantes y podían reflexionar y criticar mejor lo sucedido en las tablas del escenario. Aquella propuesta brechtiana tuvo considerable repercusión y traspasó los umbrales de los teatros.

Quizás ahora, de nuevo, su práctica podría aplicarse en este gran teatro rodante en que está inmersa la política española. Los nuevos comediantes han aprendido bien su guión. Sus declamaciones causan revuelo, impresionan y conmueven. Sentimientos y pasiones se ponen a bullir. Los espectadores asistimos obnubilados a tanta exhibición y entre tantos juegos malabares apenas queda un hueco para pensar. Que era lo que se temía Brecht. Por ello, no estaría de más aprender a distanciarse, a mirar con frialdad los escenarios electorales. El ojo del observador crítico no está perdido, sólo está olvidado y se puede recuperar. Pero exige algún esfuerzo. Por ejemplo, como ejercicio, puede someterse a cada uno de los actores prestos a ser votados, a la siguiente prueba: ¿cree que, independientemente de la opción política que representa, es una persona de principios? ¿Mantendrá sus convicciones a pesar de las dificultades que le surjan? ¿Ha hecho de la versatilidad extrema (es decir, pasar de un polo a otro) su más significativo rasgo? ¿Su pragmatismo oportunista es tan elástico que le permite adaptarse a todo? ¿Explica y justifica sus cambios o meramente da bandazos en función del viento que mejor sopla? ¿Su porcentaje de narcisismo es el normal entre comediantes o se le dispara y lo domina nada más subir al escenario? ¿Tiene ideas propias y elaboradas o solo se vale de las que le suministran, según el tipo de escenario, sus apuntadores? ¿Se ha comprometido a dimitir inmediatamente si sus propuestas no funcionan? Responder y puntuar a estas preguntas puede ser un buen medio para educar el necesario ojo crítico del elector. Un ojo que mire de manera fría y distanciada, sin dejarse embaucar por un escenario teatral lleno de florituras verbales, apuntadores y sentimientos fingidos.

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