El lanzador de cuchillos

Nosotros y Oriente Medio

En nuestro peor momento en cuanto a liderazgo moral, sólo vamos a contribuir a embarrar un poco más el campo

El enésimo enfrentamiento en la franja de Gaza, provocado por la presunta violación de una mujer israelí por parte de un grupo de palestinos, ha pasado desapercibido para la opinión pública española -los medios estaban con el libro de Pedro Sánchez-, pero en el resto de Occidente ha desatado un fenómeno recurrente: el del alineamiento prejuicioso de la izquierda y la derecha con cada una de las partes implicadas en el conflicto.

No es el del Medio Oriente un problema entre árabes y hebreos, sino entre moderados y extremistas. Y a ambos lados de la frontera, son estos últimos los que han impuesto su dialéctica enloquecida. Solamente el esfuerzo común para reforzar a los moderados y, en consecuencia, aislar a los radicales puede procurar a la zona un poco de esperanza. Pero corren malos tiempos para la lírica templada. En Oriente y Occidente. Sorprende, por ejemplo, el radical discurso antisemita de cierta izquierda europea, que parece suspirar por los tiempos en que las chimeneas de los lager funcionaban a todo trapo. Sin ir más lejos, la Academia de Cine Español premió un corto, Gaza, cuyos autores, en la gala de los Goya, pidieron echar a Israel de Eurovisión, porque "no respeta los derechos humanos". Lo que será cierto en algunos casos, pero no conviene olvidar que el primer transexual de la historia del famoso concurso fue israelí y que los gays palestinos tienen que marcharse a Israel para casarse, adoptar y evitar morir colgados por los fundamentalistas de Hamas.

Pero a los cineastas galardonados les han precedido otros izquierdistas de más caché. Verbigracia, Antonio Gala, a quien, según declaró en una ocasión, no extraña nada que "a los judíos los echen de todas partes". Da la impresión de que el escritor cordobés, gravemente enfermo, no quisiera morirse sin disfrutar antes de una nueva diáspora.

Me temo que en el enquistado conflicto medioriental, los occidentales, en nuestro peor momento en cuanto a liderazgo moral, sólo vamos a contribuir a embarrar un poco más el campo. Encomendemos la causa de la paz a la buena gente palestina e israelí; a los musulmanes que abominan del terrorismo yihadista de Hamas y a los hebreos que sienten como suyas las muertes de niños inocentes en Gaza. No sé si son muchos o pocos, pero sé que son imprescindibles. Como los músicos de la orquesta West-Eastern Divan. O como Noa, la judía y Mira Awad, la musulmana, que quisieron cantar juntas "cuando lloro, lloro por todos; mi dolor no tiene nombre; cuando grito, miro al cielo implacable y digo: debe haber otro camino". Shalom, salam.

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