La chauna

José Torrente

torrente.j@gmail.com

Paco Tarifa

Político de hechos más que de palabras, hasta el último momento su principal medalla fue el oro de la lealtad

De vez en cuando la vida te deja impactos con los que no es posible despejar emociones sin la tristeza que trae el repentino fallecimiento de gente buena. Ni siquiera arremeter contra el destino por llevárselo de este mundo sería consuelo.

Paco Tarifa, allá donde su espíritu haya encontrado encaje, seguirá lamentando la prisa con la que la vida le ha cortado el paso. Y nosotros también, sorprendidos por la fiereza del sablazo, recibido a este lado de los recuerdos, confiados como nos pillan ciertos avisos.

Él era un político con los pies en el suelo, calzado a unas simbólicas alpargatas para su ímpetu, pueblo a pueblo, puerta a puerta. Intenso pero jamás tenso. Era como un tren constantemente en marcha, un viajero de las ideas, un alpujarreño llevando a Granada por el mundo, un currante de la política que no se dejó envenenar por las redes sociales, ni permitió que éstas sustituyeran su trabajo de cercanía, real y tangible. Pegado al territorio, anduvo siempre con la honestidad de quien se sabía orgulloso hijo de esa misma tierra que pisaba con profunda vocación de servicio.

Lo conocí y lo aprecié tanto como lo hizo posible nuestra cercanía. A mí me supo a gloria ser su amigo. Supimos ambos, porque eso se aprende mirándose a los ojos, que a la política de partido no la podía sustituir la falsa promesa y el postureo, esa realidad superflua con la que insuflar aire a la burbuja del advenedizo figurón.

Con la de puentes que tuvo que construir para no aislar su misión, a Paco Tarifa poco le iban a enseñar ahora desde la nueva política, esos novicios que se proclaman líderes antes de alcanzar la cima que logra el trabajo diario, sin artificios ni orificios. Carretera y manta, verdades como puños y compromisos fehacientes. Era político de hechos más que de palabras. En su maletín no había más truco para el éxito: estar ahí siempre y dar la cara con toda la solvencia que aporta la honradez propia. Es lo que Paco Tarifa hizo desde el PP, y que tanto orgullo provoca hoy su recuerdo.

Cuando dejó todo lo que la política le prestó se afilió al silencio del ciudadano anónimo. Porque a la sección de lamentos le hizo el ERE por cierre patronal tras su despedida. Y a partir de ahí, una receta infalible para no sucumbir de nostalgia: familia, docencia y amigos. Un camino tan seguro para él como el que hoy nos deja a todos su ejemplo. Hasta el último momento su principal medalla fue el oro de la lealtad. Paco era un campeón de la dignidad política.

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