Rosa de los vientos

Pilar Bensusan

bensusan@ugr.es

Pandémica y endémica

Granada no se merece tanta gestión desdichada, no sólo en estos momentos, sino desde hace 40 años y de cara al futuro

Tras unos días en los que la inoperancia de los políticos locales y autonómicos nos ha llevado al cierre de la Universidad de Granada en vez de al de bares, pubs y demás locales de ocio, queda la sensación de que, para aparentar eficacia, estos inteligentes dirigentes han tomado la sabia decisión de recompensar a los estudiantes sin clases presenciales, como premio a su irresponsabilidad e insolidaridad con el coronavirus.

Jóvenes en negocios de ocio a rebosar, en fiestas descontroladas, en botellones, desfasados en la vía pública, en pisos de estudiantes y en juergas -que han aumentado los contagios y los muertos-, han sido premiados por nuestros ineptos regidores con cuasi vacaciones universitarias, porque los alumnos ahora sí que están de fiesta y pueden seguir celebrando a todas horas, hasta las 10 de la noche. Entonces continuarán en pisos y plazas.

Está claro que la solución a esta situación de extrema gravedad para nuestra tierra no sólo pasa porque la gestión de esta crisis esté en manos de expertos, sino porque todos estos políticos que rigen nuestros destinos se vayan a la calle inmediatamente.

Granada no se merece tanta gestión desdichada, no sólo en estos difíciles momentos, sino desde hace 40 años y de cara al futuro. Estamos en todos los índices de lo peor. Ya sabemos que en pobreza, en paro, en ausencia de infraestructuras, de conexiones ferroviarias, de empresas, de empleo, etc., pero ahora también, por si algo nos faltara, en incidencia de coronavirus. Y es que la ruina de nuestra ciudad -y provincia- está al caer, no sólo por el Covid y la irresponsabilidad juvenil, sino también por la postergación endémica que sufrimos.

Pandémica y endémica es por tanto la grave situación de Granada, y urge abordarla desde la seriedad, la inteligencia, la intervención de expertos acreditados en los problemas que sufrimos y desde la gestión autónoma de nuestro territorio, con autonomía política, legislativa, judicial y administrativa.

Todos los experimentos hasta ahora ensayados en Granada han fracasado, desde la invención provincial del afrancesado Javier de Burgos, que acabó con el Reino que conformaba su propia tierra, hasta la forzada ocurrencia de incluir contra legem a Granada en un territorio ajeno, moldeado al gusto sevillano como nuevo paraíso de políticos ávidos de autonómicos sillones.

Pero ahora, tras la nefasta experiencia, nuestra autonomía debe ser otra distinta, más justa y prometedora, que nos libere del endémico yugo sevillano y nos traiga libertad y prosperidad real.

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