Mirada alrededor

Juan José Ruiz Molinero

jjruizmolinero@gmail.com

Parlamento aberrante

Repugna, en plena tragedia, ver convertida la Cámara Baja en una agencia de propaganda

No podía ser más inoportuna, inútil y hasta insultante para los ciudadanos la moción de censura presentada por Santiago Abascal a un Gobierno que, en efecto, tiene múltiples motivos para ser censurado, pero no parecía oportuno en estos momentos trasladarla para distraer a un Parlamento, cuando España sufre la crisis más grave de su historia contemporánea -al margen de la guerra civil- en el aspecto sanitario, económico, social, institucional y democrático. Inútil porque, obviamente, el candidato a sustituir a Sánchez no tenía más apoyo que el de su partido -Casado arremetió duramente contra Abascal-, mientras Sánchez, con sus conocidas carencias de principios, cambiantes como el viento, alimenta a su amalgama de socios que no son solo Podemos, que ocupa suculentas poltronas, sino nacionalistas, independentistas, anticonstitucionales y hasta sucesores de ETA para asegurarse el poder sine die. Por si fuera poco, el actual presidente -que obtuvo el poder en otra polémica moción de censura- ha salido fortalecido en sus apoyos y, además, le sirve para parapetarse en la cómoda trinchera de que todos sus críticos son de Vox, de extrema derecha, fascistas -cuesta trabajo, como dijo Arrimadas, pensar que hay cuatro millones de fascistas en España-, franquistas o cualquiera otros marginales en su visión política de la España del siglo XXI. Es como si se dijera que los partidarios de sus políticas fuesen todos de extrema izquierda, independentistas o filoetarras. El simplismo en política es una constante, como lo es la mentira.

Y digo que este debate -como otros muchos vistos en nuestro Parlamento- es insultante para los ciudadanos porque no comprenden que los representantes del pueblo pierdan el tiempo en insultos y descalificaciones cuando el país, como decía, atraviesa la crisis más grave de las últimas décadas, con más de 50.000 muertos, hasta ahora, que no son cifras frías que cuentan los telediarios, sino personas que han tenido vida, familia y amigos; hay ya más de un millón de infectados -cinco, dicen los expertos-; la economía se hunde día a día, con el crecimiento dramático del paro y, en fin, con el fantasma de miseria, presente ya en muchos ámbitos de nuestra sociedad.

Ante este panorama dramático, quizá todavía no reconocido por algunos sectores incívicos, repugna ver a la Cámara convertida en una agencia de propaganda. No creo que exista en la Europa a la que pertenecemos un Parlamento más aberrante, insolidario y egoísta que el nuestro, donde hasta el principal asunto que trataron -afortunadamente abortado- fue subirse el sueldo los 'padres' y 'madres' de la Patria, tan poco preocupados por sus hijos de la verdadera patria, no la exclusiva de la extrema derecha, pero tampoco de la troceada que anhelan algunos.

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