La ciudad invisible

César Requeséns

crequesens@gmail.com

Pasear sin saltitos

Me lo dice gente de todos lados: "Granada está sucia, mucho". Molesta más si son de fuera. Te dicen qué bonita pero qué sucia

El centro se pone intransitable. Resulta casi aventurado entrar por algunas calles fuera del circuito turistizado en el que sí que se emplean los operarios municipales. A poco que sales de las arterias clave (el eje que dibuja Recogidas, Reyes Católicos-Gran Vía y Plaza Nueva) te das de bruces con canales de orines, basuras sin recoger, papeleras repletas de residuos o aliviaderos de casi todo, tal es de incívico el personal que nos visita o los que aquí viven.

Claro que lo ideal sería educar mejor a la gente en el uso de lo público. Pero nadie vive a la altura de sus ideales, ni siquiera las propias ciudades, donde mientras llega la idílica armonía soñada tenemos que sobrellevar como podamos este tránsito por el purgatorio sucio que habitamos. La realidad y el deseo no confluyen. De ahí que señalar lo evidente de que tenemos un centro de la ciudad bastante asquerosito no sea más que levantar la alfombra del salón de la casa de los granadinos y pedir que se limpie también ahí donde se guarda la mugre.

Me lo dice gente de todos lados: "Granada está sucia, mucho". Molesta más si son de fuera. Te dicen qué bonita pero qué sucia. Lo estuvo más, bien lo sabemos los que tenemos memoria de décadas pateándola. Pero ahora que está en el top de las ciudades reclamo hay que arremangarse y tenerla presentable para que los que vienen no se lleven solo la imagen idílica del marco incomparable. También tienen que poder disfrutar de paseos más amplios de tiendas hasta, por ejemplo, la calle Mesones. Y no sólo por esa calle (donde sí que pasan las máquinas con agua para tenerla brillante) sino también las que a ella confluyen, y así ampliar el radio por todo el barrio Centro-Sagrario, hasta Plaza de Gracia y más allá, el Camino de Ronda y eso. Las calles sucias disuaden de entrar en ellas para ver sus escaparates, y si no que se lo digan a los esforzados comerciantes más humildes que no pueden pagar los astronómicos alquileres de las arterias más codiciadas por las multinacionales.

Tener lo común limpio es cosa de todos, sí. Pero en tanto, habría que pedir que los alcaldes y concejales se paseen por los alrededores del Ayuntamiento y sólo respiren, pisen, vean y se alarmen. Seguro que redoblan personal para que no tengamos que andar a saltitos evitando lo evitable.

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