Pedro Sánchez se ha tragado a Podemos

Si los ‘podemitas’ se hubiesen quedado en la oposición en vez de pisar moqueta a la primera ocasión, quizá hoy les iría mejor

Pedro Sánchez se ha tragado a Podemos

Pedro Sánchez se ha tragado a Podemos / Dpto. de Diseño

Podemos nunca debió gobernar con el PSOE para mantener intactas sus opciones de alcanzar el poder algún día, pero cayó en la trampa y los podemitas fueron abducidos por el sanchismo al compartir la misma habitación. Después de canalizar la indignación de la calle con la crisis de 2008, y tras lograr sus mejores resultados en 2016, les habría ido mucho mejor apoyando a Pedro Sánchez en su investidura y quedándose en la oposición a ver qué pasa. Pero lejos de cualquier alarde de inteligencia, sus dirigentes cedieron a la tentación tras pisar la moqueta del poder —como le sucedió a Cs y podría ocurrirle a Vox— y quedaron retratados como populistas sin experiencia en la gestión. La maquinaria socialista los trituró, y pasarse al Grupo Mixto del Congreso, tras ser humillados por Yolanda Díaz, sólo servirá para alargar su agonía. Su pretendido gesto de dignidad llega tarde porque ya no tienen nada que perder. Es como si Sánchez se los hubiera tragado tras ganarle el pulso a Pablo Iglesias por liderar la izquierda más radical. Podemos ya no tiene mucho que ofrecerle a la gente, porque su discurso está dentro del PSOE. Sánchez se basta él solito para tensionar el ambiente con sus espoliques y con sus nombramientos partidistas al frente de las instituciones para ocupar todas los espacios de poder.

El líder del PSOE descubrió hace mucho que la crispación es muy rentable para sus intereses. Cuanto más se retroalimenten los extremos a izquierda y derecha, más difícil será que el PP le arrebate el Gobierno. Desde que las mayorías absolutas pasaron a la historia, con Vox presente en el Congreso como tercera fuerza, los populares tienen muy complicado llegar a La Moncloa. Por eso sacó Sánchez el guerracivilismo a pasear utilizando a Iglesias como un títere, tras la hoja de ruta que marcó Zapatero con la memoria histórica. Cuanto más se hable de Vox, mejor para él.

El presidente del Gobierno nunca ocultó que, puestos a elegir entre las distintas almas del PSOE y salvando las distancias, él es más de la cuerda de Largo Caballero, al que apodaron el ‘Lenin español’, que de la de Felipe y Guerra. Nunca ha dudado al reconocer al exponente de la corriente más revolucionaria y autoritaria del PSOE. El líder socialista se ha venido arriba y ya no disimula sus aviesas intenciones promocionando a sus peones más extremos, Armengol y Óscar Puente. Visto con perspectiva, Iglesias parece un chiquillo en comparación con la versión más radical de su antiguo socio e íntimo enemigo. El ex vicepresidente, como le pasó a Susana y a Feijóo, lo subestimó, ignorando que Sánchez come carne cruda con tal de lograr su objetivo. Los podemitas lograron 71 diputados y se quedaron a un suspiro del PSOE hace 7 años. Hoy, con todo lo que se quiera decir, Iglesias sólo puede presumir de cinco y gracias. El resto se lo ha zampado Sánchez y no quiere ni lo puede ocultar, como la serpiente cuando devora a su presa.

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