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La esquina

José Aguilar

jaguilar@grupojoly.com

Pedro siempre gana

Sánchez tiene la investidura a mano y no es sólo por suerte: también hacen falta astucia, audacia y falta de escrúpulos

Hasta cuando le salen mal sus jugadas acaba sacándoles provecho. Es maestro en el arte de convertir un problema en una oportunidad. Me refiero a Pedro Sánchez. Decidió quién iba a ser presidente del Senado -Miquel Iceta- obviando del detalle de que primero tendría que ser senador y que él no podía otorgarle esa condición, como si fuera Calígula con su caballo, sino que su designación correspondía al Parlament catalán (una vez que Iceta no había sido candidato al Senado en las elecciones generales).

Quizás habría logrado su objetivo si hubiera obrado con discreción y respeto a las formas y hábitos democráticos: lo mete en la propuesta de senadores de la comunidad autónoma de Cataluña y, tras ser elegido sin problemas, lo designa candidato a la presidencia del Senado, que lo respalda sin despeinarse gracias a la mayoría socialista. Pero, amigos, si Pedro Sánchez actuará así no sería Pedro Sánchez. Lo tuvo que lanzar antes de tiempo. Él tiene que demostrar quién manda aquí, como se dijo hace una temporada en Alicia en el País de las Maravillas. No es tanto el poder como hacer ostentación del poder.

Y aun fracasando en lo de Iceta triunfa Pedro. Si le llega a salir bien, manda un guiño al electorado catalán y tiende una mano a los separatistas; pero como le salió mal por la torpeza de ERC, el guiño termina siendo al resto de España (el que vota el domingo 26): ¿véis cómo no pacto ni le debo nada al independentismo? O sea, el discurso constitucionalista sin concesiones que resucitó Sánchez en cuanto entró en modo elecciones, poco después del escándalo del Relator en el conflicto de Cataluña postulado precisamente por Iceta y Carmen Calvo. En fin, si sale con barbas San Antón, y si no, la Purísima Concepción. Todo aprovecha para el convento. Por lo demás, remata la faena poniendo a dos catalanes en las presidencias de Senado y Congreso. Los que no querían caldo reciben dos tazas.

Un episodio más en la dirección marcada por el actual presidente del Gobierno para afrontar la próxima contienda electoral triple con los sondeos a favor, los adversarios o desanimados o divididos, unos aliados domesticados y una investidura al alcance de la mano sin echarse en brazos del nacionalismo más radical. Con una mayoría frágil para gobernar, pero a prueba de supervivientes (y no hay ninguno como él). No es sólo suerte, ni mucho menos. También hacen falta inteligencia y astucia, audacia, determinación y falta de escrúpulos.

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