La bitácora

félix De Moya

Pedro J.

LA destitución de Pedro J. Ramírez como director del diario El Mundo está siendo una de las noticias más comentadas en los medios de comunicación estos días. El Consejo de Administración de Unidad Editorial, empresa editora de este y otros medios españoles, ha tomado la decisión nombrando como sustituto al subdirector, Casimiro García-Abadillo. El director saliente en una larga intervención ante la los miembros de la plantilla ha explicado su relevo de forma realmente peculiar. Al tiempo que ha reivindicado la independencia del diario como su seña de identidad fundamental tanto en su período como de cara al futuro, ha explicado su cese por el Consejo como resultado de presiones del Gobierno.

Quizá a Pedro J. no le parezca que es un pésimo indicio de falta de independencia el hecho de que se le cese por presiones gubernamentales. O tal vez no ha caído en la cuenta de que su pretendida crítica al Gobierno estaba situando a su sucesor y al Consejo de Unidad Editorial a los pies de los caballos por convertirle a él en chivo expiatorio por haber publicado lo que todos los medios han aireado en relación con el caso Bárcenas. Nadie puede creerse hoy en España que un gobierno del PP se ha cargado al director de El Mundo por el asunto Bárcenas cuando hace menos de un año todos nos preguntábamos por qué el PP se querellaba contra El País y no contra El Mundo por ese mismo asunto.

La afición de Pedro J. a sentirse el centro de la vida pública tiene su origen según algunos en la fascinación que sintió por el Watergate desde su estancia en Estados Unidos. La tentación de poner y quitar gobiernos siempre le ha rondado. Esta idea de que el periodismo puede en determinados momentos pasar de ser el cuarto a ser un superpoder es siempre fruto de una cierta megalomanía. Hoy decía a los miembros de la redacción para mostrar su perplejidad, ante la supuesta presión política ejercida para su destitución, que él no se había casado con la Infanta Cristina, que él no se había roto una cadera en Botsuana y que él no había nombrado tesorero a Bárcenas; que él sólo lo había contado en primera portada.

La verdad es que la afición por matar al mensajero de todo político que se precie es proverbial, y supongo que alegrarse por la destitución de Pedro J. al frente de El Mundo será una de las poquísimas cosas en las que estén de acuerdo Rajoy y Rubalcaba. ¡Pero de ahí a que el gobierno ponga y quite directores de medios…!

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