Mirada alrededor

Juan José Ruiz Molinero

jjruizmolinero@gmail.com

Peligrosos fanáticos

Torra ha superado los límites del nacionalismo excluyente, apostando por modelos manchados de sangre

Confieso mi preocupación, hace tiempo, por los nacionalismos excluyentes, en el que hay que incluir la deriva del independentismo catalán. En España y en Europa tenemos ejemplos de esos nacionalismos. Aquí, Franco impuso uno bañado en sangre. En la Alemania nazi el nacionalsocialismo era su tarjeta de identidad. Europa se ha desangrado con sus exclusiones raciales, con la no lejana tragedia de los Balcanes, que otro fanático irresponsable como Quim Torra ha tomado como ejemplo para lograr la independencia de Cataluña. Comparar Cataluña y la España democrática de hoy con la situación de Eslovenia y la dictadura yugoslava, bajo el sanguinario líder serbio Milosevic, es una locura, una mentira clamorosa que debería avergonzar a los catalanes que apoyan a estos extremistas de derecha, racistas y xenófobos, impulsores de odios cainitas, envenenando masas y estimulándolas para que se coloquen en los frentes supuestamente sangrientos que ven como modelos a seguir. "Los eslovenos decidieron seguir adelante -ha dicho Torra- con todas sus consecuencias. Hagamos como ellos y estemos dispuestos a todo para vivir en libertad". Estos individuos, serán los primeros en abandonar los frentes para que los palos o la hipotética sangre -con la que sueñan- los reciban o la derramen las masas dirigidas, mientras ellos pueden huir para vivir en la opulencia, como hace el otro caricaturesco líder independentista, el jefe Puigdemont, en su mansión de Waterloo.

Los que detestamos los nacionalismos excluyentes porque creemos que el lugar de nacimiento, aunque sea digno de respeto y reconocimiento, no define a las personas que es lo único importante, tiene que causarnos pesar estos extremismos, con los que no se debe ser complacientes, como lo ha sido hasta ahora el presidente del Gobierno. Sánchez ha endurecido ahora su discurso de ibuprofeno que, como ha dicho su ministro Borrell, no ha servido de nada con los socios a los que les debe la jefatura del Gobierno que sólo admiten el referéndum de autodeterminación. No sabemos si lo ha hecho por convicción del peligro que se cierne a nivel nacional o por el rapapolvo recibido su partido en Andalucía. Hace bien con no rechazar celebrar consejo de ministros en Barcelona -aunque tenga que enviar un millar de policías y guardias civiles-, pese a las graves amenazas de los que afirman que las calles son suyas, como decía Fraga, o todos las demás vías de comunicación e instituciones. El próximo día 21 veremos lo que ocurre en la Cataluña en manos de envenenadores de masas con sus mentiras, impropias de pueblos cultos, como es el catalán, pese a sus fanáticos y peligrosos representantes.

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