Pensiones a 790 euros

Es rarísimo ver que algún parado maduro vuelva a encontrar trabajo, y mucho menos digno

Ahora que soy mayor que mi padre, me aterra que me suceda como a esos memoriosos que repiten obsesivamente episodios de la remota adolescencia: recuerdan con absoluta precisión el más nimio detalle pero no la última vez que lo contaron. No sé si he relatado, por ejemplo, que en los 80 se comentaba que una recesión se advertía en las estadísticas y una crisis en los rostros. Había recesión cuando los periódicos noticiaban que crecían las cifras del paro, había crisis cuando amigos y conocidos eran despedidos. A esa realidad hay que añadir ahora una novedad propia del universo digital: es rarísimo ver que algún parado maduro vuelva a encontrar trabajo, y mucho menos digno. Hay cientos de miles de seres blancos mayores de 50 años que sufren la desgracia de no pertenecer a ninguna minoría, lo que los condena a no merecer bonificación por contrato ni espacio alguno en los informativos. Su normalidad se convierte en una suerte de discapacidad a la hora de volver al engranaje productivo. Los ejecutivos que han de ficharlos rara vez piensan que, simplemente, fueron atropellados por el camión de la desgracia. Algunos directivos jovencísimos o suertudos, de los que conservaron el puesto en pleno cataclismo, estiman que son responsables de su fracaso, que tienen lo que merecen. Otros los consideran potenciales adversarios, una amenaza, puesto que poseen tanta o más capacidad que ellos. Y no faltarán aquellos a los que avergüence ofrecerles 1.300 euros, que los parados aceptarían encantados, por considerar que el sueldo es insultante, muy inferior al que por méritos y experiencia merecen.

Después están sectores enteros de los que desaloja la edad: híper, burguer, neotecnológicas, bares o tiendas de moda donde sólo admiten a animales bellos, jóvenes y dinámicos que jubilarán a los 35. Esa inmensa minoría, esos hombres y mujeres sin tiempo para reinventarse, oyen que la economía va bien, consultan libros de autoayuda y visitan sin cesar las oficinas del paro hasta que revientan, se descuidan poco a poco y, un día, descubren que el extraño en chándal y zapatillas gastadas que refleja la vitrina de enfrente es él, o ella. El que a pesar de haber trabajado desde niño, y más de 35 años, no lo ha hecho en los cinco últimos. Si es granadino y la fortuna le sonríe bastante, cobrará la media, 790 euros de pensión, cuando llegue la fecha de caducidad. "Demasiado joven para morir y demasiado viejo para el rock and roll". Tú, que llevabas inscrito en las arrugas de la frente el "Nacido para currar". ¡Máquina!

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