El termómetro

ENRIQUE NOVI

Perdedores

ESCUCHO a Rajoy y los suyos hablar del gran pacto a la alemana y me quedo estupefacto. Primero porque para ese viaje no se necesitan las alforjas de Ciudadanos, a los que se les ha visto el plumero a la primera. Quiero recordar que uno de sus ganchos fue el de la necesaria regeneración y el cambio de gobierno, pero la misma noche del 20D ya estaban entregándose a Rajoy. Toma regeneración. Si los que se dejaron engatusar por C's hubieran estado más atentos ya sabrían que eran ultraliberales peperianos disfrazados, como dejó patente aquí en Granada el oportunista Luis Salvador. Primero dijo que el próximo alcalde de Granada no iba a ser Torres Hurtado pero que este lo elegiría. Hace ya más de un mes le dio una semana a Isabel Nieto (y si no dimitía rompería el pacto de gobierno) y que yo sepa ahí sigue la concejala y el alcalde.

Tanto él como su partido empiezan a tener menos credibilidad que el programa electoral del PP del 2011. Léanselo. Es pura ciencia ficción. Como lo es el segundo motivo de mi estupefacción. Semejante gran pacto dejaría a Podemos como única oposición. Y eso sería el mejor nutriente para engordar a la formación de Pablo Iglesias, que es lo último que quieren los otros tres. Que los excluyan del pacto y los dejen fuera de esas grandes reformas constitucionales, "que serían para muchos años, gracias a ese gran consenso", ha dicho Rajoy, prueba (junto a la amenaza de que nos castigarán los mercados, que no deja de proclamar la caverna) que Podemos es la única oposición de facto.

Precisamente por eso el PSOE jamás debería acceder a ese gran pacto. Sus opciones, mayores o menores, pasan por seguir simbolizando al menos cierto contrapunto a la derecha. Aunque algunos de sus más señalados personajes, léase Susana Díaz, parezcan querer emular, más que combatir, el más rancio populismo derechista, como si fuera una falangista del siglo XXI. De momento parece que Pedro Sánchez, a pesar de las zancadillas internas, quiere ejercer el cargo para el que fue elegido en primarias y lo simboliza con un viaje a Lisboa.

El tercer motivo de mi estupor es el hecho en sí de que Rajoy tenga el cuajo de hablar de las "grandes reformas importantes" que necesita España. Y de asumirlas con total naturalidad, como si no hubiera negado con vehemencia su necesidad durante la campaña. Entonces hablaba de 'pactos de perdedores' para referirse a coaliciones de dos o más partidos… Ahora su propia soberbia le va a impedir formar gobierno, pues en pura aritmética parlamentaria podría alcanzar la mayoría absoluta con el apoyo de C's y la derecha vasca y catalana. Que ni pueda contemplar el contacto con estas últimas solo es culpa suya. ¿Quién es aquí el perdedor?

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