POR una norma no escrita, el gobierno que entra cambia a quienes están al frente de los principales organismos públicos para poner en su lugar a personas afines a la ideología del partido que manda. Aunque reconozca que ha hecho una labor magnífica (como sucedió recientemente con Pere Navarro en la Dirección General de Tráfico), el cambio se hace. Santiago Pérez, subdelegado del Gobierno en Granada, dice que él no es partidario de "cambiar por cambiar" y que se valorará la valía de los que están, caso por caso. Pero desde fuera resulta difícil creer que el PP no vaya a situar a su gente en puestos tan golosos, sobre todo ahora que le ha salido mal la jugada autonómica y no puede pagar muchos favores políticos que debe a militantes señalados. ¿Es justo sustituir a quien ha hecho una buena labor en su cargo y demostrado su valía sólo porque el gobierno prefiera aplicar criterios políticos? Probablemente no, pero siempre se ha hecho así.

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