Señales de humo

josé Ignacio Lapido /

Política virtual

HA trascendido que un dirigente del PSOE de Málaga había sido nombrado director del Centro Andaluz de Documentación del Flamenco y ni él mismo lo sabía. Tampoco en esa institución pública conocían a director alguno desde que en 2012 la anterior responsable abandonara su puesto. Fue entonces cuando al parecer se nombró a este hombre, tan sutilmente y con tanta discreción que nadie se había dado por enterado. Eso sí, cobraba todos los meses pero ignoraba en concepto de qué.

Reconforta saber que nuestros impuestos no se pierden en pagar sueldos de cargos inútiles u ornamentales sino que van directamente a la inversión en I+D, que es lo que nos va a garantizar el futuro. Si un equipo de ingenieros que trabajan para Google han sido capaces de inventar el coche que no precisa de conductor para circular ¿por qué no aplicar esa tecnología a la política? En Andalucía ya se ha conseguido: el puesto de alta responsabilidad que no necesita de político que lo ocupe. Funciona solo, sin directrices ni cumplimiento de objetivos: ecología socio-laboral de última generación.

Avances como éste ponen a nuestra comunidad, junto con Silicon Valley, a la cabeza mundial en el desarrollo práctico de la realidad virtual, un campo en el que gracias a la excelencia de nuestra una ingeniería política ya habíamos destacado con el tema de los ERE falsos. En ese exitoso experimento social se trataba de introducir subrepticiamente trabajadores fantasma en las plantillas de las empresas para que cuando se solventara el expediente de regulación de empleo cobraran sus indemnizaciones correspondientes sin haber dado palo al agua. Igualmente se creaban empresas sin actividad alguna para recibir subvenciones, y luego, tan calladamente como habían funcionado, desapareciesen junto con el dinero público invertido en ellas.

Pese al vértigo que producen estas novedosas tecnologías, uno no puede dejar de fantasear con el sillón vacío de ese director ausente tras una mesa de despacho sobre la que se acumulan voluminosos expedientes: "Bulerías", "Martinetes", "Peñas Flamencas", "Tablaos", "Zambras", "Cantes de ida y vuelta"… así un sinfín de asuntos de la máxima urgencia a la espera de que el gestor se hiciese carne para dictaminar sobre ellos. Tres años largos acumulando polvo ¡y nadie se había quejado!

Sin duda esta era la modernidad imparable que auguraba Manuel Chaves para Andalucía. Sólo a algunos recalcitrantes les puede parecer escandalosa la situación, pero, aunque chocante, creo que es la ideal para el ejercicio de un cargo: que no sepas siquiera que eres el jefe. Puedes tomar decisiones imaginarias en la barra del bar mientras lees el Marca, en vez de tomar decisiones nefastas en tu despacho oficial mientras lees el As. Esa es la diferencia.

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