EN el PSOE, la sección de ponemanos en el fuego está que arde. Se apresuran los más recónditos amigos de la pareja estelar Chaves y Griñán a quemarse la piel creyendo a pies juntillas en la honradez de los ex presidentes. Felipe González es uno de los que se la tostaría con gusto, al punto y sin exagerar.

Sin embargo, debido a la alta temperatura que le abruma, y no precisamente por el inicio del verano, Pedro Sánchez ha evitado poner en el fuego nada que no sea la foto de Rajoy. Ni siquiera ha ofrecido la compasión protocolaria del jefe que tiene que hablar bien del equipo. A la pregunta correspondiente del periodista, el Sr. Sánchez respondió: manzanas traigo, verdes y rojas, si quieres las compras y si no, no las cojas. Ese día se acabó el agua de mojarse. Se había bebido el último trago Susana Díaz en la Comisión de Investigación del Parlamento andaluz.

En ese trajín de exculpación del porque yo lo digo, no caen en la cuenta que el problema denunciado por el juez que los manda al banquillo está en haber despistado más de 800 millones de euros de todos los que pagamos impuestos de España y Europa. Que no es la honestidad de políticos tan veteranos lo que se pone en duda, hasta que no se demuestre otra cosa, sino su gestión. ¿O es que manejar muy mal nuestros impuestos no merece reproche jurídico, social o político? Porque sea dinero público, no vamos a quitarle hierro, ¿no cree?

La honradez de Manolo y Pepe, con sus detalles de matización correspondiente, no ha sido motivo del señalamiento de banquillo por parte de la autoridad judicial, sino su responsabilidad ejecutiva, presuntamente mal ejercida, en torno a la custodia de los fondos públicos delegados en su autoridad.

No sabemos si Chaves y Griñán han sisado el parné al estilo hortera de aquella gilista Marbella de no hace tanto, con cachulis y pantojos peleando por ver quién robaba más y lo gastaba más de prisa. Pero sí que nos abochorna que los elegidos por el pueblo para controlar el presupuesto público hayan sido marcados por la justicia para rendir cuentas de sus faltas, a la vista de las pruebas aportadas por los investigadores policiales. Esa honestidad in gobernando, exigible a todos los que gobiernan, la han puesto en duda ellos solitos.

Y con ese ejemplo detrás, Pedro Sánchez nos pide de nuevo la confianza para gobernar. Quiere esa potestad para usarla junto a Unidos-Podemos (no hay otra vía) al estilo, ya conocido, rehenes parlamentarios de Puigdemont y la CUP. Esa no parece que sea la mejor inversión de nuestro voto, como tampoco es el ejemplo gobernante de Chaves, Griñán, Zarrías y Susana, tan reciente, tan dudoso, y tan deficiente. Y usted que lo lea.

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