El duende del Realejo

Prisión permanente revisable

Parto del principio de que la libertad es sagrada. Sin embargo, existen las cárceles

Dijo Cervantes, por boca de don Alonso Quijano, que "por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida..."

De las varias lecturas que he hecho de la historia del "Ingenioso Hidalgo", nunca he deducido -ni conozco a nadie que así lo haya hecho- que lo de aventurar la vida se pueda referir a una ajena, sino a la propia, razón por la que entiendo que quien aventure vida ajena por defender la libertad propia o cualquier otra apetencia o pretensión, sin que exista ofensa previa, ni tiene honra ni merecimiento alguno de ella.

Viene esto al caso porque en estos días se va a tratar en el Congreso de los Diputados sobre la posible derogación de la ley de Prisión Permanente Revisable -PPR- figura jurídica existente en nuestros días y aplicable para condenas en casos muy concretos y específicos que, hoy por hoy, sólo defienden los diputados del Partido Popular. Y ningún otro, ninguno.

Parto del principio de que la libertad es sagrada. Sin embargo existen las cárceles. Porque la libertad de la colectividad debe de estar por encima de la libertad individual, la de quien se demostrase no ser capaz de respetar la de los demás. Y por ello, en la Constitución vigente, base y fundamento de nuestro ordenamiento jurídico, se contempla que las penas de privación de libertad, lo han de ser como camino, sí, a la consecución de la reinserción social. Por otro lado, la garantía del ejercicio de las libertades es fundamental condición para que pueda, efectivamente, existir el sistema democrático, base inexcusable de la convivencia en las sociedades occidentales.Pero ¿y cuando se conoce, con absoluta seguridad, la imposibilidad de que se produzca esa deseada "reinserción social"? ¿Menguaría en algo la condición democrática de una sociedad que, privando de libertad de manera permanente a alguno de sus miembros, podría garantizar que, al menos por su mano, estarían a salvo la integridad y la vida de todos sus demás miembros? Yo creo que no. Es más, creo que es obligación ética de los poderes públicos garantizar el disfrute de las libertades, individuales y colectivas, de los individuos de las sociedades en las que nacen y por las cuales existen. Yo creo que es lícito privar permanentemente de libertad a un individuo, cuando éste se muestra inequívocamente incapaz de respetar la libertad, la integridad física y la vida de los demás. ¿O no?

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